Ya es tiempo de abanicos

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Ya es tiempo de abanicos

Ya es tiempo de abanicos, incluso en Asturias. Si podemos afirmar esto, es porque, parece que el calor ha venido para quedarse. Ya no es algo subjetivo o momentáneo: el sol luce (aunque por aquí a menudo se esconde tras las nubes, pero seguro que por pura timidez) y las temperaturas suben. Nos acercamos al verano. Y comenzamos a sacar nuestras “armas” para combatirlo: las menorquinas, que dan alegría a nuestros pasos, y uno o varios abanicos pintados a mano de Tutti pazzi per labore siempre van en nuestros bolsos para colorear el aire.

 

 

Una señora sin abanico es como un caballero sin espada (Ramón Gómez de la Serna)

Los abanicos tienen una larga historia, que se remonta a mucho antes de que Tutti se fijara en ellos, claro está. Parece que, aunque su origen pueda ser aún anterior, contamos con las primeras muestras gráficas de su existencia por el arte egipcio (la más antigua de estas representaciones que se conoce está en la cabeza de una maza ceremonial que se encuentra en el Ashmolean Museum de Oxford. Perteneció a Narmer, que en torno al año 3000 a.C. unificó por primera vez el Alto y Bajo Egipto, y representa un cortejo real en el que aparecen dos esclavos con abanicos) y que compartieron también los babilónicos, los persas, los griegos y los romanos. Estos abanicos, denominados flabelos,eran fijos y de gran tamaño, circulares y realizados con plumas o elementos vegetales y no sólo servía para refrescar el aire, sino que con ellos también avivaban el fuego en los sacrificios, ahuyentaban a los insectos y daban sombra en los cortejos y ceremonias a los faraones o miembros de las clases más altas. Otros testimonios, en este caso escritos, son los que nos informan del uso de estos objetos en Grecia ya que, a través de las obras de autores clásicos como Eurípides, Plauto y Ovidio,  nos han llegado testimonios del uso de flabelos en esa sociedad.

Parece ser, que el abanico plegable, tal y como lo conocemos hoy, tuvo su origen en Japón, donde un obrero que se llamaba Tamba en el año 630 de nuestra era, observando las alas de los murciélagos y el modo en el que éstas se plegaban, ideó la estructura del abanico plegable, que en principio de llamó Kawori (murciélago). El hecho de que fuera de tamaño pequeño y fácil uso permitió que se difundiera este nuevo objeto rápidamente por Oriente. Los abanicos pronto se convirtieron en un complemento muy apreciado por su función y valor estético para ambos sexos. En Europa, sabemos por las fuentes documentales, que los abanicos que existían en el siglo XII seguían siendo del tipo flabelo, es decir rígidos y de gran tamaño. Los plegables llegaron de Oriente a Europa en el siglo XVI a través de Portugal, que tenía una fuerte actividad comercial en dichos territorios. Correspondió a la reina Catalina de Médicis poner el abanico de moda, ya que lo incorporó a su vestuario en los eventos más importantes de la Corte y ya los lucía plegables de plumas o tipo bandera y con ricos mangos en marfil.

Posteriormente, en los siglos XVII y XVIII el abanico plegable alcanza una gran difusión sobre todo en Italia, Francia, España e Inglaterra, convirtiéndose en un complemento que denotaba la distinción y la clase del usuario, así como subrayaba la coquetería femenina. Según Isabel I era el único regalo que podía aceptar una reina, siendo objetos coleccionados por muchas de ellas desde ese momento, llegando a crear Cristina de Suecia la Orden del Abanico en 1774 para las damas de su corte.

En el XVIII se instala en España el artesano francés Eugenio Prost bajo la protección del conde de Floridablanca y se extiende su uso a todas las clases sociales con el uso de un abanico de madera de vuelo corto y país más reducido. España se convierte, desde entonces, en un gran productor de abanicos,  creándose en ese mismo siglo el Gremio de Abaniqueros y a principios del siglo XIX se funda la Real Fábrica de Abanicos.  El abanico comienza a concebirse como un escudo femenino tras el que refugiarse para no mostrar las emociones. Tanto era así, que en el XIX, momento en el que pasa a ser usado sólo por las mujeres, y XX, en los bailes sociales a los que asistían las damas jóvenes acompañadas de sus madres como carabinas a fin de velar por su reputación, se inventó el lenguaje del abanico para poder comunicarse con sus pretendientes a través de este objeto.

El abanico ha sido a lo largo de la Historia un campo de experimentación por sus formas y materiales y por las decoraciones variadas que importantes artistas han realizado sobre ellos. Constituían de este modo, por su valor material y artístico, como podemos apreciar en las colecciones de dos importantes museos dedicados al abanico, uno en territorio nacional y otro ubicado en Londres, regalos exclusivos y objetos apreciados por los coleccionistas.

Los abanicos pintados a mano de Tutti pazzi per labore

Animados por el sol y las fechas en las que nos adentramos, en el taller de Tutti han aparecido las flores y los abanicos, porque ya se sabe lo que pasa en cuanto sale un poquito de sol después de tanta lluvia. Todo florece: brotes nuevos, césped más verde, florecen las ideas y las flores llenan de color los abanicos pintados a mano de Tutti. Estos son los modelos que desde aquí os proponemos, pero ya sabéis que en Tutti nos adaptamos a vuestras propuestas y a vuestros gustos, así que no tenéis más que decírnoslo al hacernos vuestro encargo y lo personalizaremos para que no sea sólo un abanico, sino VUESTRO abanico.

Mientras termino de escribir este post, la lluvia a modo de tromba de agua y día gris y frío, me ha recordado que estoy en Asturias y que aquí el tiempo no lo decide el calendario. He aprendido la lección. Lo que pasa es que una tiene muchas ganas de verano, de abanicarse en una terraza sin hacer nada, mirando al mar o al infinito verde, ese que abunda por estas tierras. Eso, sí; sólo espero que con mi optimismo no haya enfadado al dios de las nubes y haya sido éste el causante de tal cambio en el tiempo, porque yo juro que estos ojos vieron hace menos de una semana montones de bañistas en la Playa de San Lorenzo y espero que no haya sido una ilusión, aunque ahora lo parezca.

Para terminar el post de hoy, que anuncia calores veraniegos, qué mejor que abanicarnos con el torrente de las ligeras (y virtuosas) de Nicolò Paganini. Concretamente las que escribió para el tercer movimiento en forma de rondó, conocido como La Campanella (por las campanillas que suenan antes de la repetición de cada estribillo),  del Concierto n.2 para violín y orquesta en si menor y que acompaña a una magnífica selección de obras pictóricas de distintos periodos que están protagonizadas por mujeres acompañadas de sus abanicos. Una de las primeras representaciones pictórica del abanico en un retrato fue el en el Retrato de la Infanta Juana de Austria, de Antonio Moro (1519-1576) y desde ese momento se convierte en un objeto habitual en los retratos femeninos. Este excelente vídeo lo ha realizado Consuelo Albert Mas.

¿Os han gustado los modelos de abanicos pintados a mano de Tutti pazzi per labore? ¿Cuál es vuestro preferido? ¿Sois de las que combatís el calor con estas “armas” o tenéis otros trucos? Si queréis compartirlos con nosotros o hacer cualquier tipo de comentario, estaremos encantados de leeros. Mientras, preparamos el siguiente post. Ya sabéis, si os ha gustado, lo podéis compartir y desde aquí os lo agradecemos de corazón.

By | 2018-05-31T08:29:59+00:00 junio 16th, 2016|2 Comentarios

2 Comentarios

  1. El cestillo de Emilia 16 junio, 2016 at 7:49 am - Reply

    Preciosos, y para una como yo que cada poco estoy con el abanico en la mano, da igual si calor o frío, sería un buen regalito…Ya me encargaré de compartir el enlace 😉

    • Sara Marcos 16 junio, 2016 at 7:58 am - Reply

      Hola, Alicia. Sí yo creo que el abanico ya no es para muchas un objeto exclusivo del verano….y menos con un tiempo tan loco como este. Seguro que muchas lo usaron el pasado noviembre….jejeeejjeee. Pues muchas gracias por seguirnos y por compartir. Se agradece, todo. Un beso grande para iluminar este jueves gris.

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