Recomendación de Halloween: Arsenico por compasion

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Recomendación de Halloween: Arsenico por compasion

Hace unos años, (no me preguntéis muy bien por qué) pensé en cuál podía ser mi película favorita para Halloween, mi pequeño homenaje al terror en ese día. Después de repasar mentalmente una corta lista que constituyen mis referencias en dicho género, mi conclusión fue que mi película favorita para ese día señalado de la cultura anglosajona es la película de la que hoy os voy hoy a hablar: Arsénico por compasión de Frank Capra (1944). Sí, ya se que con semejante título como bandera, jamás me nombrarán presidente del Club de los que disfrutan con las pelis de terror aunque sea con la boca pequeña y tapándose la mano con la cara y separando los dedos pero es que esa elección, aunque no quiera, me define como cinéfila y demuestra mi relación con este género (sí, nula, porque para no acudo a él con ansias de disfrute y entretenimiento)

En Arsénico por compasión no hay sangre, no. Todo es algo surrealista pero muy limpio, en esta comedia alocada (de esas screwballs comedies que reinaban en la época aunque en el año de estreno de la cinta ya estaban en claro declive), llena de humor negro. Nada de motosierras, hombres con careta y cosas por el estilo. Pero eso sí, hay asesinatos, presidiarios y más de un loco….y hasta ahí puedo contar, si lo que quiero es que os sorprenda y os divierta, si aún no la habéis visto. Y no nos engañemos, para mi tiene el tremendo atractivo de que en ella reina un Cary Grant maravilloso, en su vena más excesiva. Con razón él dijo en más de una ocasión que fue el rodaje que más disfrutó y con la película que mejor se lo pasó en su carrera pero de la actuación de la que estaba menos satisfecho. En esto último, el Sr. Grant se equivocó, porque está graciosísimo, excesivo quizá, pero la historia lo necesita. Es el contrapunto a tanta (terrorífica) tranquilidad en esa noche de Halloween en la que transcurre la acción.

A continuación os dejo una escena de la película:

Como era frecuente en el cine de los 30 y 40, el argumento provenía de los escenarios de Broadway de donde el cine sonoro bebía constantemente. Así que, debido al éxito de la obra teatral de Joseph Kesselring, Arsénico y encaje antiguo, decidieron adaptar esta historia a la pantalla. Por tanto, para su director, Frank Capra, fue realmente un encargo y no un proyecto personal. Pensada como obra para recaudar dinero para su familia mientras él estuviera ausente luchando del lado americano en la Segunda Guerra Mundial, supo convertirla en una película con alma y la llevó al cine con ritmo y solvencia a pesar de que se alejaba de las comedias amables y de carácter social que le dieron la fama durante  la Gran Depresión como la mítica Sucedió una noche, con ese Clark Gable en un rol totalmente diferente e igualmente encantador de 1934, o Caballero sin espada (1939) que adelantaba quizá el espíritu de su posterior Juan Nadie (1941). Yo, he de confesar, que soy más de el Capra de la comedia (por muy amable que sea) que del drama más social. Soy del Capra de la mencionada Sucedió una noche, de Vive como quieras (1938) y la denostada Un ganster para un milagro (1961), una amargo cierre para una fructífera, exitosa y personal carrera de un director a reivindicar.

Por ser una versión de la obra teatral, Arsénico por compasión, no pudo ser estrenada hasta el año 1944, pese a ser rodada tres años antes: según las leyes de la época, el estreno cinematográfico tenía que efectuarse después de terminar la temporada en el teatro, para evitar solapamientos y un mayor rendimiento en la obtención de beneficios, sin hacer competencia directa una versión a otra. Y, aunque fuera concebida como una película de evasión y para el gran público aprovechando el éxito teatral que le precedía, en el Hollywood de la época las cosas se hacían con los mejores, aunque se trabajara “en cadena”: el libreto fue adaptado al celuloide por los hermanos Epstein, y parte del reparto original de la pieza teatral fue “trasladado” desde Nueva York a Hollywood, con Joshephine Hull, Jean Adair, que dan vida a las “adorables” tías de Mortimer Brewster (Cary Grant), Priscilla Lane, John Alexander (que tiene uno de esos personajes que son un pedazo de regalo para un actor), Raymond Massey (con cuyo personaje hacen constantes referencias a Boris Karloff, pues el actor que interpretó a Frankenstein fue el que hizo de hermano de Mortimer en la obra de Broadway, de modo que Raymond Massey fue caracterizado deliberadamente y con gran acierto, para parecerse al actor británico), el siempre inquietante Peter Lorre y mi adorado Edward Everett Horton que haga el papel que haga siempre está bien y por muy secundario que sea siempre consigue brillar.

Según la trama avanza, las situaciones se van complicando y el ritmo va in crescendo, las confusiones, los malentendidos y una tensión constante va cada vez a más, y Cary Grant cada vez vive los acontecimientos con más ansiedad. Todo encaja en ese aparente caos, con entradas y salidas que encajan minuciosamente, que no da descanso al espectador desde el primer fotograma hasta el último, con un ritmo frenético y una serie de escenas, a cada cual más divertida y sorprendente. Todo tiene coherencia interna y aunqne muy teatral en su desarrollo en el interior de una casa en Brooklyn, tiene también algunos planos muy cinematográficos. La risa que proviene de situaciones nada graciosas, que encadenadas una tras otra, se disfrutan cual montaña rusa de la carcajada, teniendo como baza principal “el más difícil todavía”.

Siempre me ha parecido que esta obra era lo que Jardiel Poncela sólo se atrevió a insinuar en Eloísa estaba debajo de un almendro. Aquí hay malentendidos pero las cosas SON lo que parecen (y los muertos, también). Una reflexión sobre la locura, las extravagancias, la maldad y la bondad y la familia. Bendita familia.

Así que si queréis hacer una terrorífica sesión de cine os recomiendo que entre título y título sangriento, tengáis un hueco para Arsénico por compasión, porque con ella no vais a temblar de miedo…pero si de risa. Mucho se ha hablado de míticas frases finales como la de “nadie es perfecto” de Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) o la de Casablanca de Michael Curtiz (1942) pero creo que la última frase de Arsénico por compasión (“¡¡Yo no soy un taxista, soy una tetera!!”  ) puede entrar también en el exclusivo club de esos finales gloriosos.

 

Esta emana, el cierre musical también cabalga entre el miedo y el humor de tiempos añejos y en blanco y negro. Os dejo con la música compuesta por Vic Mizzy para la mítica serie de televisión La familia Addams. Ya sabéis, preparad vuestros pulgares y ….¡buen Halloween!

Pues deseándoos un feliz puente y unos terroríficos días, nos despedimos hoy hasta la semana que viene. Espero que si no habéis visto Arsenico por compasion os animéis a verla y que os guste y divierta el descubrimiento. Si ya la conocéis, seguro que volvéis a reíros y a disfrutar con ella, porque un clásico es un clásico y más si es redondo  y frenético como éste.

By | 2018-10-28T19:21:49+00:00 noviembre 1st, 2018|Actualidad|3 Comments

About the Author:

Sara Marcos

3 Comments

  1. Paz 1 noviembre, 2018 at 8:53 am - Reply

    Absolutamente GENIAL !!!
    Gracias !

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 4 noviembre, 2018 at 7:46 pm - Reply

      Gracias, Paz. Me alegro de que te haya gustado el post de esta semana y la recomendación cinéfila. Un abrazo

  2. El amanuense 13 noviembre, 2018 at 4:07 pm - Reply

    Buenas tardes, y perdón por el retraso, llego muy tarde (con dos post de retraso) Esto es culpa de tanta fiesta, puente…San Martín y la matanza do porco. (grazias a Xurxo y a Susana por recordarme la canción de Os resentidos) Tutty, otra fantástica recomendación cinéfila, una desternillante película que no se cansa uno de visionar. Humor universal y que no caduca. Vaya plantel: Grant, Lorre,….Inolvidables, como lo son The family Adams. Grazias por este post. Un abrazo

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