El Baile en Blanco y Negro: un hito social

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El Baile en Blanco y Negro: un hito social

Conocéis los riachuelos que forman mi pensamiento: se esconden, con sus meandros se alejan del destino, confluyen y, por fin, algún día de algún modo, en algún post, desembocan. Dos de esos pequeños riachuelos se han hecho visible para mi estas últimas semanas y, como han confluído, creo que es el momento de navegar por ese río  de caudal aumentado: uno es la obra de Harper Lee (y su versión cinematográfica), Matar a un ruiseñor, al que me he acercado de nuevo en las pasadas semanas ; el otro, la figura del (voraz y hábil) fotografo Harry Benson, del que vi recientemente un interesante documental sobre su obra y sus métodos. ¿Y en qué aguas han coincidido ambas corrientes? Pues en el Baile en Blanco y negro que Truman Capote, amigo íntimo de Harper Lee (e inspirador de uno de los personajes de su novela, el pequeño Dill /Tití) celebró el 28 de noviembre de 1966, al que por su puesto asistió la novelista, y del que dio testimonio gráfico el fotógrafo mencionado. Por tanto, este baile lleno de glamour, aun cuando han pasado 52 años del acontecimiento, es el protagonista de nuestro post de hoy.

Caballeros: Traje de etiqueta negro y máscara negra. Señoras: Traje de noche, negro o blanco. Máscara blanca. Abanico”.

Además de por sus magníficas novelas, el escritor Truman Streckfus Persons, más conocido como Truman Capote (1924 – 1984) ha pasado a la historia también por ser el responsable de una de las fiestas más espectaculares que se dio en Nueva York y que, a pesar de los esfuerzos, no ha sido hasta el dia de hoy superada. El Black and White Ball o Baile en blanco y negro ha pasado a la historia. “El baile del siglo” como fue denominado por la prensa del momento, fue celebrado en el mítico Hote Plaza de Nueva York, escenario de películas como Con la muerte en los talones, Tal como éramos, Cotton Club o Solo en casa, inmortalizado en los años veinte por el escritor Francis Scott Fitzgerald, que ambientó en sus habitaciones, salones y pasillos algunas de sus novelas. El Plaza ha sido desde siempre lugar de reunión de presidentes, reyes, millonarios y famosos de todo tipo. Un entorno suntuoso y mítico  que sirvió también para acoger a las casi 500 personalidades que formaban la lista de invitados.

Corre el año 1966 y Truman Capote está disfrutando de sus cotas más altas de éxito tras editar, después de 6 años de investigación, su obra A sangre fría que recoge las investigaciones sobre el terreno (en Holcomb, pueblo de Kansas) del brutal asesinato que perpetraron Perry Smith y Richard Hickcock, dos jóvenes que, sin motivo aparente, habían matado a los cuatro miembros de una familia. Capote, enviado por The New Yorker y ayudado por Harper Lee, realiza una magistral obra que supone la apoteosis del Nuevo Periodismo, corriente de fusión de literatura y reportaje cuya influencia aún está vigente en la novela criminal que llena las estanterías de novedades de las librerías en este momento. Es el comienzo de una nueva etapa para Capote y qué mejor que comenzarla celebrando una gran fiesta, demostrando su poder (no sólo) de convocatoria y con una lección de buen gusto y excentricidad que tardará en olvidarse. Una gran estrategia publicitaria para que se hablara de él y de su reciente obra durante meses en la prensa.

El Baile blanco y negro fue celebrado en honor a su amiga Kay Graham, la editora del Washington Post que encarnó Meryl Streep en la reciente cinta de Steven Spielberg y una de las mujeres más poderosas del momento e inspirado por el diseñador, fotógrafo y amigo de Truman, Cecil Beaton, que había deslumbrado a medio mundo con el vestuario que diseñó para la película musical My Fair Lady de George Cukor y la secuencia de la carrera de Ascott, con sus estilizados vestidos en blanco y negro. Tal y como se indicaba en la invitación a dicha fiesta, todos los asistentes deberían ceñirse a estos dos colores para el vestuario de la noche. Capote impone, además, que los asistentes vayan con máscaras, como en añejos tiempos venecianos, para que les de cierta libertad para bailar y, por qué no, para cortejar a otros invitados.

La lista de invitados despertó expectación antes de que fuera revelada en su totalidad, porque todo el que se creía alguien en la sociedad neoyorquina del momento esperaba con impaciencia que una invitación llegara a su buzón. Alguien sentenció que “fue la noche en que Capote hizo 500 amigos y 15.000 enemigos”. El conjunto de los más de 400 afortunados fue de lo más ecléctico y, aunque celebrada en lunes, justo después de Acción de Gracias, (casi) nadie quiso perdérsela (aunque sonadas también fueron las ausencias de los Duques de Windsor, de Jacqueline Kennedy, aunque sí estuvo allí su hermana, Lee Radziwill, o la actriz Audrey Hepburn, quizá aún molesta por las críticas que el escritor había hecho a raíz de su elección para el papel de Holly Golightly,) y su amiga Marilyn Monroe, fallecida años antes. Alta sociedad, celebridades de Hollywood, políticos, coreógrafos, magnates de Wall Street y multimillonarios, directores de Broadway, escritores, modelos, editores, aristócratas, artistas, intelectuales y amigos de Kansas del escritor, al que ayudaron durante la realización de su reportaje novelado. Entre todos ellos destacan los nombres de los recién casados Frank Sinatra y Mia Farrow con su nuevo look, Andy Warhol, Gloria Vanderbilt, el cantante y actor Harry Belafonte, el coreógrafo Jerome Robbins, la actriz Tallulah Bankhead, la princesa italiana Luciana Pignatelli, Gianni y Marella Agnelli, Peter Gimbel y la condesa Crespi, Henry Fonda y su quinta esposa, Mae Adams, Rose Kennedy, la actriz Candice Berger, el fotógrafo Richard Avedon, el escritor Norman Mailer, el compositor Leonard Bernstein, Lauren Bacall, el modisto Oscar de la Renta, Edward Kennedy, el Marajá de Jaipur, Babe Paley, Gloria Guinness, Marisa Berenson, Tenesse Williams, Greta Garbo o la modelo Penelope Tree. Personas de todas las edades, procedencias y ocupaciones se vieron arropadas por los colores de la noche y las melodías interpretadas en directo por la orquesta de Peter Duchin. Otros, aquellos que no recibieron la codiciada invitación, prefirieron huir de la ciudad, inventándose viajes imprevistos por Europa para no quedarse en casa y quedar en evidencia. Lo que sea menos admitir el fracaso.

Nada fue en el Baile en Blanco y Negro convencional, ni siquiera el menú, que se sirvió pasada la medianoche, momento en el que los invitados podía quitarse sus máscaras y antifaces. En ese momento se pudo disfrutar de espaguetis con albóndigas, huevos revueltos, salchichas, galletas, pasteles y pollo “hash”, unas de las especialidades del Hotel Plaza y el plato favorito del anfitrión, todo ello en mesas redondas decoradas con manteles rojos y candelabros dorados. Todos los detalles llegaron a conocerse porque hasta 200 periodistas y fotógrafos cubrieron el evento más sonado del momento. El encargado de vestir y tocar a muchas de las invitadas de este baile en blanco y negro fue el diseñador Roy Halston, que junto con otros colegas de la ciudad se volvieron locos trabajando a destajo, día y noche, confeccionando las sofisticadas y personalizadas máscaras de los asistentes. Los invitados querían ser los más elegantes, los más originales, adornando sus máscaras con brocados y telas lujosas, diamantes y plumas de todo tipo, y hasta contar con varias opciones para poder elegir en el último momento. Muchos invitados, además, encargan dos o tres máscaras diferentes de cara a poder decidir entre varias opciones a última hora.

 

Tras organizar y salir airoso (él y sus invitados) de esa fiesta de máscaras, el Baile en Blanco y Negro, Capote se convirtió en una celebridad. El escritor fue dejando paso al personaje. Comenzó a disfrutar del éxito, el dinero y el respeto con el que siempre había soñado, como su Holly cuando desayunaba frente al escaparate de la famosa joyería. Sin embargo, aquellos que suspiraron por asistir a su fiesta, llegarían en muchos casos a repudiarle tiempo después, cuando optó por publicar textos ficticios basados en personajes reales de la alta sociedad neoyorquina. Los ecos de esta histórica fiesta siguen resonando en la actualidad. Más de 50 años después, y después de muchos intentos, nadie ha conseguido celebrar una fiesta que ensombrezca su recuerdo, ni siquiera capaz de llegar a emular en espectacularidad a la original y eso, que ha habido y sigue habiendo intentos por acercarse a su recuerdo: La princesa Yasmin Aga Khan organizó una recreación en 1991, para celebrar el 25 aniversario de la original en una carpa colocada a las afueras de Tavern on the Green, en Central Park, un evento benéfico que recaudó casi un millón y medio de dólares para una asociación contra el Alzheimer y, en 2006, previo a la subasta de todos los objetos originales del interior del Hotel Plaza, antes de su reforma, la casa Christie’s recreó la el baile en Blanco y Negro en el Rockefeller Center. El baile siguió el dress code de Capote, el horario y exactamente el mismo menú.

Dejamos para el final el último baile de esta fiesta, el que le reservamos al siempre encantador y correcto Michael Bublé, uno de los crooners del soiglo XXI. Os dejamos con la canción Save the last dance for me, canción que ya cantaran Los Drifters en los 60, para que vosotros también emuléis (aunque sea en pijama) a aquellos ilustres invitados de El Plaza. Buen baile para todos en este frío jueves.

Con el recuerdo del destello de las lentejuelas y la vaporosidad de las gasas de los vestidos de las asistentes del Baile en Blanco y negro os dejo hasta la próxima semana. Que la imaginación os lleve y recordad, reservadme un baile.

By | 2019-01-23T20:24:13+00:00 enero 24th, 2019|Historia de la Moda|4 Comments

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Sara Marcos

4 Comments

  1. El amanuense 24 enero, 2019 at 6:37 pm - Reply

    Buenas tardes, Sara: qué reportaje tan excelente, historia de historias olvidadas.!!!! Los antifaces ocultando el rostro, el glamour oculto. El menú tan irrepetible como estrambótico. La maravillosa colección de fotos en blanco y negro. Los excluidos que no soportaron no poder asistir…con su ego roto. Una deliciosa excavación que ya no sé si es arqueológica, social, o una fotografía que nos muestra al vigía asomándose perplejo, a esos 500 privilegiados en este surrealista mundo occidental. Un buen puñado de palabras que como cada jueves nos regalas. Grazias y perdona por escribirte un poquito tarde. Un abrazo, Sara

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 30 enero, 2019 at 6:17 pm - Reply

      Amanuense, muchas gracias. Ya no se celebran fiestas como las de antes…o por lo menos como las que celebraba Truman. De vez en cuando un poco de frivolidad en el blog de Tutti tampoco está más. Gracias por leernos, comentar y acompañarnos cada semana. Un abrazo

  2. pinepo 4 febrero, 2019 at 6:39 pm - Reply

    Un artículo condimentado con un poco de literatura, un poco de moda y un poco de cine…me parece a mi que son temas que le gusta a Tutti :). Felicidades

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 7 febrero, 2019 at 8:29 am - Reply

      Hola, Pinepo. Te parece bien. A Tutti y (a mi 😉 ) nos gustan todos estos temas y también nos gustan las mezclas y las conexiones. Me alegro de que te haya gustado el revoltijo y gracias por leer el blog! Un abrazo

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