Bill Cunningham, un cazador en Nueva York

//Bill Cunningham, un cazador en Nueva York

Bill Cunningham, un cazador en Nueva York

Hace muy pocas semanas os presenté a las nuevas y destacadas integrantes del club Yo soy única y me pongo el mundo por montera (creado por Tutti pazzi per labore) y a uno de los más entusiastas defensores de las personalidades más llamativas: Ari Seth Cohen y su web Advanced Style. Sin embargo, y para ser justos, hay que decir que en esto de la difusión y el realce del estilo en el vestir que late en la calle, que tan de moda está en estos tiempos de las redes sociales,  Ari no ha sido el primero, ni mucho menos. No cabe duda de que, posiblemente, nada habría sido igual si no hubiera existido él, Bill Cunnigham, un antropólogo de la moda escondido tras una cámara. Surcando en bicicleta Nueva York en busca del glamour y la extravagancia, Cunningham es el verdadero creador del street style, género sobre el que en internet surgen webs al mismo ritmo que las setas en los bosques umbrosos y húmedos. El “abuelo sabio  y cabal” de los influencers del momento, que no necesitó de Instagram para descubrir nuevas tendencias y crear modas, es el protagonista de nuestra entrada de hoy.

“El mejor desfile de moda es la calle. La calle me habla. Yo no decido nada y para que eso pase tienes que estar ahí. A mí no me dicen que se van a llevar las faldas por la rodilla. Lo veo. Aquí no hay atajos. Tienes que quedarte en la calle y que la calle misma te lo diga” (Bill Cunnigham)

Nacido en 1929 en Boston, Bill comenzó en 1967 a capturar con su cámara todo aquello que le llamaba la atención. Sin embargo, su primer acercamiento real al mundo de la moda fue a través de los sombreros, no de la fotografía. Bill Cunningham comenzó vendiendo tocados que llegaron a comprar Marilyn Monroe o Joan Crawford.  Fue una foto suya de la actriz Greta Garbo, por la calle, fue la que captó la atención de los editores del New York Times. Fue en 1978, cuando inició su colaboración con el periódico, donde realizaba las columnas On the Street Evening Hours. Cunningham se dedicó a hacer fotografías de la gente que paseaba por las calles de Manhattan todos los días, centrándose en la manera en que la gente se vestía, y en estilo personal de cada uno de ellos. Desde su pequeño rincón de papel mostró la efervescencia de la moda en dicha ciudad y se adelantó a las tendencias que luego nos mostraban en pasarela y escaparates las grandes marcas. Cubría los grandes eventos sociales, pero él no un fue un simple fotógrafo de crónica social y, mucho menos un paparazzi. Él era un fotógrafo de estilo y moda. Él fotógrafo del estilo y de lamoda. Como llegó a decir la todopoderosa Anna Wintour, “Él ve cosas de las que ni yo ni mi equipo de Vogue nos damos cuenta (…) Si Bill fotografía una tendencia, sabes que en seis meses estará de moda en todo el mundo”. Él sabía ver, mirar y resaltar lo que debía destacarse sin importar que apareciese en el barrio más pobre o en las calle más lujosa de la ciudad de Nueva York, porque como él decía “No veo a las personas a las que les hago fotos. Sólo veo su ropa” Bill defendía y sabía que todo podía llegar a estar de moda y por esa razón, él siempre se acercaba a esos looks y a esas personas con respeto y admiración, la que queda reflejada a través de las palabras con las que describía a los desconocidos que capturaba en sus columnas. “Cuando estoy tomando fotografías”, dijo una vez Cunningham, “busco el estilo personal con el que se usa una prenda… a veces, incluso cómo se usa una sombrilla o cómo se sostiene un abrigo. En las fiestas es importante ser casi invisible, captar a la gente cuando ignoran que hay una cámara… sacar la intensidad de su discurso, los gestos de sus manos. Me interesa capturar un momento con ánimo y espíritu”.

Durante el día estaba por las calles sacando fotos de todo el mundo pero por la noche era el fotógrafo oficial para eventos sociales del New York Times por lo que conocía a toda la élite de sociedad. Pero, sorprendente y admirablemente, trabajar rodeado de flashes nunca le cegó. La ropa de marca nunca le tentó y no renunció jamás a la chaqueta azul de barrendero con bolsillos que compró en el Bazar Hotel de Ville de París por 20 dólares y que tan útil le resultaba para su trabajo.  “Las chaquetas se rompen y se arruinan. Me gustan las cosas simples y con los pies en la tierra. Soy toda una contradicción, porque luego me encantan todas esas señoras con los vestidos de ensueño”.

Iba de un lugar al otro de la ciudad con su bicicleta. Nada de taxis y limusinas como las estrellas. Vivió de un modo muy sencillo, casi como un asceta dentro de la Gran Manzana: tenía un estudio sin baño lleno de archivadores con fotografías que le servía también de apoyo para la tabla y el colchón donde dormía. Quizá vivía así porque no necesitaba más que su libertad y su independencia para ser realmente feliz. Se distanció de la vida que retrataba, del glamour y los excesos, de las fiestas, del alcohol y los regalos, para poder ser más objetivo en su trabajo. “Si no coges el dinero, no pueden decirte qué hacer. Es la clave de todo. No toques el dinero, es lo peor que puedes hacer (…) Ellos no son mis dueños, el dinero es lo más barato, la libertad es lo más caro”. La mayoría de las fotografías que realizó no fueron ni vendidas ni publicadas.

Cunningham amaba lo diferente y a aquellos que, además de buen gusto, tenían audacia para ser creativos. Por eso mimaba con su objetivo a personalidades únicas como Iris Apfel o como era Anna Piagi , asesora creativa de Vogue en su edición italiana. Él sentía devoción por las lecciones de estilo de las seniors y de las desconocidas que llamaban la atención porque para él el estilo no estaba relacionado con el dinero. Todo un sabio.

“Lo he dicho muchas veces. Todos nos vestíamos para Bill” (Anne Wintour)

Afortunadamente, antes de su muerte en 2016, su trabajo fue reconocido y en 2008, Bill Cunningham fue a París, donde el gobierno francés le otorgó la Legión de Honor. A pesar de su timidez y su humildad, hemos podido conocer no sólo al fotógrafo, sino también a la persona. El “culpable” es Richard Press que en 2010 a base de mucha paciencia e insistencia, ya que el fotógrafo se negaba a hacerle caso al principio, realizó el documental Bill Cunningham New York cuyo tráiler os dejo bajo estas líneas, y que junto a sus desconocidas memorias, Fashion Climbing,  permiten conocer a esta enigmática figura, cuyo valor humano está al mismo nivel que su valía profesional.  Este primer cazador de tendencias (o cool hunter, como se prefiere decir ahora) es recordado con cariño y admiración por aquellos que conocen su trabajo y que hoy siguen sus pasos . No habrá un cazador (tan maravillosos y respetuoso) como él en toda la ciudad.

No se por qué razón, mientras escribía el post, me ha venido a la cabeza el grupo (también variopinto y colorista) Pink Martini. La verdad es que no desentonarían en las fiestas de la ciudad de Nueva York y seguro que Bill Cunningham les hubiera retratado sin pensarlo. Por eso terminamos con  hoy Sympathique, uno de sus primeros éxitos en una grabación en directo de una de sus actuaciones en 2012.

Pues hasta aquí la entrada de hoy. Espero que os haya gustado tanto como a mi descubrir la figura de este “trabajador incansable” de la moda. Bill Cunningham, un cazador con mucho olfato en la ciudad de Nueva York.

By | 2018-10-17T19:22:23+00:00 octubre 18th, 2018|Artes plásticas y artes visuales|4 Comments

About the Author:

Sara Marcos

4 Comments

  1. El amanuense 18 octubre, 2018 at 5:48 pm - Reply

    Buenas tardes, Sara: otro de los personajes longevos que tanto me gustan. Un hombre sencillo, retratista de la calle, y que detrás de si tiene una hermosísima historia. Grazias por bucear en estos seres ocultos que tan hermosamente narras. Una delicatessen de enlaces, fotografías y vídeos. Tanto esfuerzo para llegar el jueves con el mejor post posible. Dos mundos, el de la alta sociedad y el de la gente de la calle, conviviendo pero sin dejarse contaminar su chaqueta blue por los vértigos de las alturas codiciosas y rebosantes de vanidades. El jueves nos vemos en Tutty, un abrazo y grazias

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 24 octubre, 2018 at 3:47 pm - Reply

      Hola, Amanuense. Pues sí, un gran personaje y un ejemplo. Mientras escribía sobre él, pensaba que Bill Cunningham podría ser, para mi, un buen ejemplo de éxito, aunque se aleje de las fórmulas más usuales: coherente, creador de un estilo propio, con una carrera extensa y reconocida y absolutamente libre y reivindicativo. Un abrazo y gracias.

  2. jm 19 octubre, 2018 at 5:46 pm - Reply

    Qué gran cantidad de personajes interesantes nos traes tutti!

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 24 octubre, 2018 at 3:44 pm - Reply

      Muchas gracias a ti por recibirlos con ese entusiasmo, Jm. Hay gente muy interesante ahí fuera 😉

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