In the mood for love (Deseando amar)

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In the mood for love (Deseando amar)

Me gusta todo lo estético, no sólo lo bello, sino todo aquello que transmite algo a través de su aspecto, de su forma. Y me gusta el cine; eso ya lo sabéis. Por eso, cuando lo estético se convierte en un elemento narrativo más en una historia, esa película me interesa. Y se me ocurren pocos films en los que eso se manifieste más claramente que en Deseando amar (In the mood for love) [2000] de Won Kar Wai. Por esa razón, hoy os voy a hablar de ella.

“Fue un momento de inquietud. Ella, tímida, inclinaba la cabeza para que él se acercase. Pero a él le faltaba valor. Ella dió media vuelta y se alejó”.

El título original de la obra que nos ocupa este jueves es El frescor de las flores se mantiene en el tiempo, y como suele ser habitual es más acertado, elocuente, además de poético, que las traducciones inglesa y española con las que conocemos esta cinta. El responsable de este pequeño puzzle formado por reflejos y retazos que se mantienen en la memoria tras el paso del tiempo es Won Kar Wai al que caracteriza un cine de alta precisión formal y con un acabado estético deslumbrante. (El vídeo que os muestro a continuación es un estupendo resumen de la carrera y el estilo de Won Kar Wai realizado por la cadena de televisión especializada en cine TCM)

Cada vez me gusta menos contar los argumentos de las películas o de las novelas. Hay que descubrirlas, a su tiempo, según se desarrolla la historia, por tanto sólo diré que se inicia en el Hong Kong de los años 60: Chow Mowan (Tony Leung) es redactor en un periódico local y se traslada junto con su mujer a un nuevo domicilio en un edificio donde los vecinos en su mayoría pertenecen a la comunidad de Shangai, lugar al que  también se muda Su Lizhen (Maggie Cheung), una bella mujer que vive con su marido. In the mood for love es una historia de amor, de secretos, de intimidad pero sin conocer lo que siente los personajes sino por las cosas que se ven e intuyen alrededor, que nos muestra (y lo que omite) la cámara, testigo expectante, como nosotros, de esta historia.

Won Kar Wai, aunque es un creador preciosista, no busca sólo la forma, la belleza de las imágenes de una cuidada escenografía sino que es en realidad un creador de atmósferas (a través del vestuario, los escenario, la música y la fotografía) propias, poéticas, elegantes, que insinúa más que muestran, sensuales y simbólicas. Este delicado contexto es donde se insertan, donde se enmarcan  los personajes (lo que vemos dentro y fuera de campo) y todos estos elementos nos hablan de ellos y de su historia más que las propias palabras que salen de sus bocas. Los bellos encuadres remarcan las ausencias, muestran las soledades que se cruzan, y reflexionan sobre la atemporalidad del desamor, de toda la pasión y la carga emocional que puede haber en nuestros gestos y nuestras intenciones aunque los cuerpos apenas se toquen ni las miradas lleguen a cruzarse, de la intimidad que se muestra a través del contexto y no de los propios sentimientos, de la estrechez de los espacios compartidos y lo asfixiante de vivir pendiente de los otros y las convenciones de la vida en comunidad.

escena de pasillo hotel de la pelicula in the mood for love de won kar wai

El sutil guión del propio director, la fotografía deliciosa y llena de plasticidad de Christopher Doyle  y Mark Li Ping-Bing  y el montaje de la cinta  son la clave para situar al espectador en la distancia, pero al mismo tiempo lo convierten en un vouyer privilegiado que debe reconstruir las piezas de este calidoscopio de ecos y colores, de piezas repetidas y elipsis temporales, personajes de espaldas. Todo lo que se cuenta es tan importante como lo que no se ve. Lo esencial de su película es lo que sugieren todos estos elementos, pura poesía visual que nos hará volver una y otra vez a ella, que da para comentar y contrastar, para leer y releer, para imaginar y fantasear…Tiene el poder de que cada espectador cuente una película y una historia diferente.

Todo suena a coreografía en esta película que reflexiona sobre los hechos y sus consecuencias. Personajes acompasados al ritmo de la música (de hecho el propio director ha hablado de “baile” entre los personajes al referirse a este film) y sin embargo, poco hay de rígido en el sistema de rodaje de Won Kar Wai y de su director de fotografía, Christopher Doyle (tenéis algunas claves tras las palabras en negrita, como siempre).

Que nadie espere una historia de amor al uso. La de Deseando amar es una historia llena de intensidad, pero en ningún momento recurre al melodrama, aunque sin embargo consigue que en varios momentos se nos encoja el corazón y suframos por el destino de los protagonistas. En ese final en el templo de Camboya, lleno de delicadeza y poesía, tanto el personaje como los espectadores, quiero creer, que consiguen liberarse de un peso que llevan en el alma y sus corazones, una confesión necesaria pero nunca escuchada. Vemos en esa escena la imagen más parecida a un beso que hay en la película y que sin embargo, y paradójicamente, es un acto solitario, pero no privado.

Me ha llamado la atención leer, que Wong Kar Wai  ha comentado en alguna ocasión que esta película está muy influenciada por el Vértigo de Hitchcock y compara el personaje de Tony Leung con el de James Stewart, especialmente:  «el papel de Tony en la película me recuerda a Jimmy Stewart en Vértigo. Hay un lado oscuro en este personaje. Creo que es muy interesante que la mayoría de la audiencia prefiere pensar que se trata de una relación muy inocente«. Muy curioso.

“ Los protagonistas guardan silencio y eso es lo más importante» (Won Kar Wai sobre In the mood for love)

Quiero hacer una mención especial al vestuario femenino y a la dirección artística, realizada en ambos casos por William Chang. Los trajes que muestra Maggie Cheung son una versión de lo más sofisticado y sensual del qipao, traje tradicional. Se ajustan elegantemente al cuerpo de la actriz para resaltar su figura y sus vistosos y coloristas estampados aportan variedad y modernidad a este diseño oriental, porque lejos de crear un vestuario tradicional, Chang (colaborador habitual de este director) crea unos diseños donde se mezclan ecos franceses y tropicales. Pero lo realmente curioso, es que el vestuario, además de ser un recurso estético que se ha convertido en otro de los sellos de identidad de In the mood for love, es un recurso temporal dentro de la narración, ya que gracias a los distintos estampados y colores de los vestidos de la protagonista somos consciente de los saltos temporales y los cambios de situaciones en esta historia de ecos, rutinas y repeticiones. Kar Wai también empleó la comida como elemento útil para que el público no se perdiese en la progresión temporal de la historia, ya que, al parecer, aunque es un hecho que pasa desapercibido para los espectadores occidentales, algunos platos que aparecen en pantalla sólo se pueden servir en momentos determinados del año. Un detalle sin importancia, posiblemente, pero revelador de las intenciones de un realizador que, eso dice, rueda casi sin guión.

El color es fundamental en la película: en los objetos, en la fotografía, en los vestidos. Contrastantes llamativos que subrayan gestos, situaciones y frases. Colores que dan calidez a diálogos poco románticos. Habitaciones con papeles pintados y pasillos rojos que arropan a los protagonistas. Atmósferas, porque el amor está en el aire, ya lo dijo el gran Tom Jones.

“Él recuerda esa época pasada como si mirase a través de un cristal cubierto de polvo. El pasado es algo que se puede ver, pero no tocar. Y cuando se ve, está borroso y confuso”

La música, ecléctica como en todas las creaciones de Won Kar Wai, juega también un papel fundamental en la película, como hemos señalado anteriormente. La belleza de un amor que se mece al ritmo de un Nat King Cole cantando Quizás, quizás, quizás, mientras vemos las calles del Hong Kon de los años 60 ; las caderas y los pasos de la señora Chan se ralentizan cuando suenan las cuerdas del tema central e hipnótico de In the mood for love, que lo reconoceréis en cuanto lo oigáis en el vídeo que os dejo a continuación porque ha sido empleado en publicidad y otros menesteres hasta la saciedad (además, si clicáis en el título de la película en esta frase anterior, podréis escuchar un programa de música de Radio3 donde escucharéis la banda sonora y audios de los diálogos de la misma). Todo eso queda unido inexorablemente en la retina y el oído del espectador. Este tema musical de cuerda que te cala hasta el alma, Yumeji ´s Theme, fue compuesto por Shigeru Umebayashi, compositor magnífico y responsable de la música de La Novia de Paula Ortiz que desde aquí os recomiendo encarecidamente y de la que hablaremos algún día,  para una película anterior, Yumeji (1991), es el encargado de cerrar el post de hoy. Espero que os guste, si no lo habéis escuchado nunca, o que os traiga gratos recuerdos, si es un viejo conocido. El resto de la partitura y selección de la película es obra del compositor Michel Galasso

Terminamos el post un jueves más y me encantaría conocer vuestras impresiones sobre In the mood for love, tanto si la veis por primera vez como si volvéis a ella habitualmente o si sólo han quedado unas imágenes en vuestro recuerdo después de haberla visto hace mucho tiempo. Y recordad que si os gusta esta película, sus atmósferas y sus juegos de espejos podéis ver también 2046, película del mismo director donde siguen resonando ecos de ésta. Hasta la próxima semana.

By | 2018-05-31T08:29:56+00:00 octubre 27th, 2016|Artes plásticas y artes visuales|4 Comments

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Sara Marcos

4 Comments

  1. El amanuense 27 octubre, 2016 at 2:56 pm - Reply

    Buenos jueves,Sara: entrada hermosa, íntimista y con esa mezcla de cine del bueno, del que nos captura con una manera de contar, muy especial, una historia que encaja como esos vestidos. Encaja música, color, época, olores, sabores y humo. Mucho humo de cigarrillo elegantemente consumido. Enhorabuena y mil grazias por compartir sala oscura y moda.Abrqzos y hasta el jueves

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 28 octubre, 2016 at 9:18 am - Reply

      Buenos días , Amanuense y gracias como siempre. En pocas historias encanjan todos los elementos con tanta perfección creando atmósferas y universos personales. Se me ocurre, quizá en esa línea de color pero diametralmente diferente en todo lo demás, Amelie. Esperemos que todo encaje en la entrada del próximo jueves 😉 . Un abrazo

  2. jose 10 noviembre, 2016 at 12:52 pm - Reply

    Es una de mis peliculas favoritas…la música genial, y esa tensión que se vive entre ellos sin que pase nada es tremenda…

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 10 noviembre, 2016 at 7:07 pm - Reply

      Bueno, Jose, entonces hemos dado en el clavo. Una película con mucha sensibilidad. Yo me quedo con esa escena final…y tú? Un abrazo

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