Iconos de moda y cine (III): La boina.

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Iconos de moda y cine (III): La boina.

El post de hoy podríamos empezarlo de muchas maneras. Podríamos comenzar diciendo que el mejor regalo que podemos hacerle con motivo del reciente 60º aniversario de la muerte de Bogart es hablar de su querida Slim. También podríamos apuntar que, a una de las parejas con mayor gancho dentro y fuera de la pantalla del cine, no podíamos ni separarla en nuestro ranking de cine y moda, así que detrás de eterna gabardina, tenía que ir obligatoriamente ella con su boina y sus ojos felinos. O podríamos incluso dejarle a él a un lado y comenzar diciendo que ella, Lauren Bacall, fue una de esas estrellas del Hollywood más clásico que lucieron esplendorosas y treméndamente sexys y elegantes con las prendas más masculinas, como la boina, el sombrero que hoy nos ocupa, o los pantalones de Katherine Herpburn, creando un estilo cuya herencia aún pervive.

Sin embargo, sólo diremos que este jueves añadiremos un eslabón más a nuestra cadena de prendas icónicas que saltaron de la pantalla a la moda de la calle y que hoy en día son habituales en nuestra forma de vestir. Hoy es el turno de la boina que lució (como nadie) Lauren Bacall en su encuentro en el despacho del detective privado al que daba vida Humprhy Bogart en El sueño eterno de Howard Hawks (1946), número tres en nuestro listado y que ocupa el número treinta y siete del listado de Silvia Castillo y Xescu Prats.

«Era el opuesto de la sexualidad pública de Marilyn Monroe, pero aun así emanaba sensualidad por cada poro» (Peter Som acerca de Lauren Bacall)

La boina, este tocado en origen usado exclusivamente por el hombre y vinculado durante muchos años con el ámbito militar, era ya utilizado por estrellas del momento, como Marlene Dietrich o Greta Garbo, dentro y fuera de la pantalla. Sin embargo, fue Leah Rodes, responsable del vestuario en El sueño eterno, (junto a Milos Anderson, responsable del de Tener y no tener de 1944 y donde conoció a Bogart y quien comenzó a marcar su estilo) quien eligió dicho complemento para dar terminar de dar imagen a Vivian Rutledge, esa mujer dura enfundada en ese perfecto blazer de pata de gallo que realza su esbelta figura y la convierte en la mujer capaz de plantar cara a Marlow. Puso de moda también chaquetas con hombreras y muy ajustadas, marcando la cintura, ceñidas faldas lápiz, pantalones anchos y blusas con mangas vaporosas.

Si el icono de la mujer fría y sofisticada fue obra de los responsables de vestuario de sus primeras películas, su modo de actuar y su voz fue cincelada por su descubridor, Howard Hawks, que la descubrió en una portada de Harper´s Bazar cuando ella sólo tenía 19 años. Bogart tenía 45, pero eso no fue impedimento para convertirse en la mujer que mejor le dio la réplica en lo profesional y en lo personal. Nadie fumó con la elegancia ni el desdén con el que lo hacían ambos como protagonistas de la novela de Raymond Chandler .

«Mi mano estaba temblando, mi cabeza estaba temblando, el cigarillo estaba temblando, estaba mortificada. (…) Me di cuenta que la única manera de mantener quieta mi cabeza temblorosa era bajarla, con la barbilla prácticamente en el pecho, y elevando los ojos hacia a Bogart. Funcionó y resultó ser el comienzo de La Mirada» (Lauren Bacall)

“Que­ría crear una mujer que pareciese incluso más ru­da que Bo­gart. Así que creé la imagen de Lauren Ba­call y ella ten­drá que vivir con eso el resto de su vi­da”, explicó Howard Hawks.  “Cuando una mujer se excita o emociona tiende a alzar la voz. Y no hay nada menos atractivo que un chilli­do. Quiero que la eduques de tal modo que aún en la es­cena más emotiva continúe grave”, le dijo a la joven modelo y debutante actriz. Pa­ra lograr­lo le aconsejó leer en voz alta horas y horas y, a ve­ces, él mismo la acompañaba y sentados en un par­que es­cuchaba cómo ella leía novelas manteniendo siem­pre la voz grave que la haría famosa incluso al cantar.

A continuación, os dejo un vídeo realizado por el canal TCM con el propio director hablando sobre la actriz que él descubrió y cuyo icono ayudó a cincelar.

He de confesaros, que a pesar de que me encanta la escena del encuentro con Marlow y la escena en la librería aunque no sea un mano a mano con la Bacall, mi película preferida del binomio Bogart-Bacall es Senda Tenebrosa, de Delmer Daves (1947) donde Lauren también luce un buen ramillete de modelos favorecedores, y que cuando pienso en Lauren Bacall, la veo en color y con sus faldas de estilo New Look de la comedia Cómo casarse con un millonario de Jean Negulesco (1953), reprochando la actitud ingenua de la divertida e insegura Marilyn Monroe. Un consejo, si os animáis a ver la película de Daves, no leáis nada de la sinopsis y dejaros sorprender por ese plano subjetivo.

Años después, en el 1967, Theadora Van Runkle, fue la encargada de vestir a otra mujer fuerte, Bonnie Parker, que trataba de tú a tú a su compañero de fatigas (nunca mejor dicho por el final que tuvieron ambos), Clyde Barrow, protagonistas de Bonnie and Clyde de Arthur Penn. La diseñadora recreó el estilo de los protagonistas reales, esos dos fugitivos carismáticos de los años 30, y vistió a Faye Dunaway con faldas lápiz, jerseys ajustados, los pañuelos al cuello y la  gabardina de cuadros con el que creó un look que no copiaba literalmente el de la propia Bonnie Parker, pero sí recreaba su esencia de mujer fuerte y sofisticada. Como la Bacall. El estilo de la atracadora de la pantalla recuerda al que asociamos ahora con las mujeres francesas, con líneas simples y colores neutros, donde los accesorios adecuados son los encargados de conferir personalidad al look, su estilo profundamente femenino, pero con el talle alargado, que aporta comodidad en formas y materiales, como ocurrió en la década de los años 20 y de los años 30, donde se libera la figura femenina. Ambas, la Bonnie real y la de la pantalla, escogieron la boina como señal de identidad, como podemos ver en las fotos que conservamos de ella y en las escenas del film de Penn.

bonnie con boina en el atraco con clyde

Para finalizar este post protagonizado por dos mujeres que llevaron en el cine la boina como ninguna otra, acabamos con una versión instrumental de La balada de Bonnie and Clyde, canción inspirada por el éxito de la película, compuesta por el británico Georgie Fame, y que, aunque aquí aparece acompañada de imágenes del film de Arthur Penn, curiosamente no formó parte de la banda sonora de esa película, que fue obra de Charles Strouse. No debemos confundir esta canción con la que Serge Gainsbourg compuso e interpretó con Brigitte Bardot sobre el poema que Bonnie Parker (la Bonnie real) escribió semanas antes de morir asesinada junto a Clyde: The trail´s end. Espero que os guste este cierre y que A. haya saciado su curiosidad.

Espero que os haya gustado esta nueva entrega de nuestra serie. ¿Qué imagen os dan a vosotros las mujeres con boina? ¿Seguridad? ¿Elegancia? En espera de vuestras opiniones, comenzamos a preparar nuestra nueva entrada que vendrá con uno de nuestros últimos productos pintados a mano. Hasta el próximo jueves.

By | 2018-05-31T08:29:55+00:00 enero 19th, 2017|Historia de la Moda|4 Comments

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Sara Marcos

4 Comments

  1. abies 19 enero, 2017 at 3:50 pm - Reply

    Lo que se aprende en tutti..

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 20 enero, 2017 at 8:58 am - Reply

      Gracias, Abies. Con Tutti aprendemos todos, vosotros y yo. Es mi gimnasia mental semanal 😉 Un abrazo y gracias por leernos.

  2. El amanuense 19 enero, 2017 at 5:56 pm - Reply

    Buenas tardes, Tuttilectores: vaya post mas hermoso. Por varias razones. Primera: Bogart y Bacall fueron de mis primeros mitos del cine. Ese cine en blanco y negro, clásico, de actores y actrices de oficio. Bacall con su boina y él con el cigarrillo y la mano en el bolsillo de la americana. Elegante entre la pena y la belleza. Oliendo a whisky de malta y con esa mirada de la rubia más joven y atractiva. Hoy en día, lo facil es no encontrarse miles de fotos de ellos en revistas y en internet, pero a finales de los 70 (cuando los periódicos salían de las rotativas en blanco y negro tener una fotos de buen tamaño suya era un lujo, y yo siempre recuerdo una de los dos en Cayo Largo guapos a rabiar) Grazias por recordarme tanto cine traído de la noche de las buenas peliculas en la 2 de TVE. El coronel Sternwood y la voz de Bacall tan bien contada aquí…Y luego la boina como complemento peculiar y tan arrebatadoramente perfecto sobre un cabello hermoso.Unos labios bien pintados y el humo del cigarrillo. Faye Dunaway es otro mito de los sesenta con su descaro, al igual que Bacall. Tan diferente al resto…Ya descubrí, gracias a ti, quien era el compositor del famoso tema de Bonnie and Clyde. No paramos de aprender, en estos tiempos en los que hay que defender cada uno sus ideas y su sombrero. Un abrazo especial para todas aquellas y aquellos a las que ningún os sienta mal. Gorra, boina, panamá, bombín,escoces, de lana…negro, rojo, blanco, verde

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 20 enero, 2017 at 9:05 am - Reply

      Buenos días, Amanuense. Las mujeres y los hombres en blanco y negro tenían algo especial. Bogart y Bacall se lo decían todo sólo con mirarse (o con no mirarse). ¡¡Y no hemos hablado de los diálogos de esta película, que no tienen desperdicio, de verdad!! Dardos más afilados que las miradas de la Slim. Quién podría haber creíso que la Bacall temblaba 😉 Menos mal que estaban las volutas de humo, redondas y envolventes para cubrirlos y acercarlos. Interesantísima historia la de Bonni y Clyde (la tenéis tras uno de los enlaces), los de carne y hueso, que también mostraban valentía, elegancia y chulería sin proponérselo. La boina debe de aportar algo de esa chulería que no aportan otros tocados femeninos. Seguiremos compartiendo estas prendas icónicas con vosotros algunas semanas más y espero que os siga gustando. Un abrazo

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