Lee Miller, mujer poliédrica

//Lee Miller, mujer poliédrica

Lee Miller, mujer poliédrica

Hemos vivido unos años (muchos, demasiados) en los que el papel con mayor categoría reservado para las (grandes) mujeres ha sido el de musa. Prefiero no mencionar las etiquetas que reservaban al resto, porque son ya dolorosamente conocidas por todas. Parece que ése es el máximo escalafón al que podía optar una mujer: un escalón justo por encima del de “compañera de “ o “mujer de”esos hombres ilustres que han acaparado la Historia. En realidad, creo que el apelativo de musas ha sido reservado para las mujeres más inclasificables, menos convencionales, más adelantadas a su tiempo, a las amantes, a las rebeldes, a las inconformistas, a las mujeres de acción. Mujeres que trabajaron y avanzaron hombro con hombro en paralelo a los hombres, aunque la historia no las haya tratado como iguales a ellos.  Pero de un tiempo a esta parte se está redescubriendo a las mujeres, empezando por las que nacieron y murieron hace muchos años. Comenzamos a hablar en femenino, aunque muy tímidamente. O por lo menos, se empieza a contemplar la posibilidad del femenino plural.

En Tutti pazzi per labore hemos tratado ya de algunas de estas mal llamadas musas, ya que el término es insuficiente para ellas (para todas). Otras, que como nuestra protagonista de hoy, Lee Miller, no sólo posaron e inspiraron a un hombre que estaba a su lado y cuyo nombre y cuya obra es más conocida en la actualidad que la de ellas, (no estoy diciendo que mejor, sino sólo más conocida) sino que además crearon junto a ellos, dispararon sus cámaras con igual acierto o usaron sus pinceles plasmando la realidad con su mirada propia y personal: Tina Modotti, Georgia O´Keeffe, hoy será Lee Miller y podrían ser y serán (en futuras entradas) muchas más. Calidad y méritos no les faltan, igual que a nosotros ganas de conocerlas y de que las conozcáis.

“Le sigo contando a todo el mundo que no he malgastado ni un minuto de mi vida; lo he pasado maravillosamente, pero sé, en el fondo de mí misma, que si tuviera que volver a vivir sería aun más libre con mis ideas, con mi cuerpo y con mis afectos”. (Palabras de Lee Miller escritas a su marido Roland Penrose)

Esta bella neoyorkina nacida en 1907 a la que el azar hizo que fuera el editor Condé Montrose Nast, el editor americano de publicaciones como Vanity Fair, Vogue o The New Yorker, el hombre que le salvó de ser atropellada por un coche, fue una de las modelos más famosas y cotizadas de la década de los años 20. Se convirtió en la favorita de grandes de la fotografía como Edward Steichen. Sin embargo, Lee Miller era mucho más que una cara bonita, como muy poco después demostró. Saltó de ser de modelo o musa fotográfica a empuñar una cámara de fotos sin que le temblara el pulso. Creó su propia mirada, su propio estilo tras la cámara. Una mirada aguda. Una mujer valiente que no dudó en vivir la guerra, la Segunda Guerra Mundial, en primera persona, entre bombardeos y atrocidades. La mayoría de sus fotos fueron censuradas. Demasiada realidad. Cruel realidad la que desprendían sus imágenes y sus textos para la siempre elegante e idílica Vogue. Fue la primera fotoperiodista en acceder a los campos de concentración de Dachau y Buchenwald: fusilamientos, soldados muertos, niños moribundos, cadáveres apilados, nazis que optaron por el suicidio como escapatoria de su horror y las consecuencias… Pero la imagen protagonizada por Lee Miller que ha pasado a la historia de ese 30 de abril de 1945, día en el que Hitler se suicidó en su búnker, es la de la fotógrafa usando la bañera del Führer. Acompañada por su amante y el corresponsal de Life, David E. Scherman, entraron en la casa vacía de Hitler sin que supieran quién era el dueño de la vivienda, para descansar y  huir del horror que acababan de contemplar y captar con sus cámaras en Dachau. Miller era una idealista. Por eso se arriesgó y se expuso al horror. Creía que mostrando la barbarie se aprendería, comprendería y mejoraría el cruel mundo en el que se mataba indiscriminadamente. Confiamos demasiado en la capacidad de aprendizaje del ser humano y al final, siempre nos acaba decepcionando. Antes y ahora.

Pero entre la Miller que acaparaba las portadas de las revistas de moda más importantes y la que congeló los campos de batalla para la posteridad, existieron otras Lee Miller. Por ejemplo, la que formó parte de la vanguardia artística. En 1929 viaja a París, donde comienza a trabajar como asistente de Man Ray y la convirtió en su musa (y en su amante). Pero en realidad se habla de musa por no hablar de compañera de trabajo, de búsqueda. Con él siguió educando su ojo y olfato personal para la fotografía y su técnica, que ya había aprendido con su padre cuando era una niña. De hecho, ahora se sabe, que muchas de las fotografías tomadas por Lee Miller han sido atribuídas a Man Ray, al igual que la técnica de la solarización, en cuyo descubrimiento parece que tuvo más que ver la modelo que el propio Man Ray, en la que llegó a convertirse en una verdadera experta.

La llamada «venus rubia del Surrealimo» fue compañera artística del grupo formado por Paul Eluard, Dora Maar, Max Ernst, Jean Couteau y Picasso, que la inmortalizó en varias ocasiones con sus pinceles, amigo de Lee éste último durante décadas, a la que admiraba no sólo por su belleza, sino también por su inteligencia. Ella nos mostró igualmente al artista malagueño al que conocía y admiraba a través de su cámara.

A continuación, os dejo un enlace a la Fundación que lleva su nombre y que dirige su hijo, donde podéis disfrutar de su maravillosa y extensa producción como fotógrafa.

Producción fotográfica disponible en la Fundación Lee Miller

Las fotografías realizadas por Lee Miller y Man Ray: la de la izquierda presenta a Marie-Berthe Aurenche, Max Ernst, Lee Miller y Man Ray en 1932. La imagen central es de Man Ray y Lee Miller de un reencuentro en 1975 y la de la derecha, un retrato «solarizado» de la propia Lee Miller por Man Ray de 1929.

Tras terminar su relación con Man Ray, regresa a Nueva York, donde abrió un estudio de fotografía especializado en retratos y publicidad y, 1934, aunque obtuvo gran éxito, lo deja y se casa con Aziz Eloui Bey, un príncipe egipcio. Comienza una nueva etapa para Lee Miller. En ella vive en El Cairo y realiza sus mejores fotografías, ya lejos de los grupos artísticos de su época parisina. Tras divorciarse en 1947 y terminada ya la Guerra (aunque nunca olvidada) se casa con Roland Penrose y comienza su etapa como madre y esposa dentro de la clase alta inglesa, donde se codeó con la intelectualidad y los artistas del momento, retirada en su casa en el campo donde parece ser que volcó su creatividad esta vez en los fogones, alcanzando un nivel muy alto, hasta su muerte a los 70 años en 1977.

Lee Miller fue una mujer de belleza especial: frágil y elegante en su aspecto, pero con una seguridad y una fuerza en su mirada que hechizaba. Miró a la vida de frente, de tú a tú y sin bajar la mirada, ni en los momentos más duros, una artista, una luchadora que resurgía con renovada energía tras cerrar cada una de sus etapas vitales y profesionales: violada en su infancia encontró su mejor salvavidas en la fotografía cuando su padre le pedía que posara como terapia ; cuando su etapa como modelo, en lo más alto, se paró en seco al participar en un anuncio de compresas (fue la primera y poner imagen a la menstruación era algo demasiado transgresor para la tradicional mentalidad americana del momento) ella empleó ese declive para realizar entonces su sueño de ser artista y viajó a París ; tras los años sofisticados de las vanguardias volvió a Nueva York y abrió su propio estudio ; tras la vida de lujo en Egipto, plantó cara al desafío de contar con imágenes el horror de la guerra, sin perder su visión poética a pesar de las barbaridades retratadas. Su vida fue una continua búsqueda de sí misma, de su expresión personal y de su lugar en el mundo y por eso la recordamos y la admiramos.

Hoy terminamos nuestra entrada con la música de Arcade Fire, ese gran grupo (por número y por calidad) canadiense al que David Bowie definió como “una caleidoscópica y mareante ráfaga que une la primera etapa de Motown con la chanson francesa y los Talking Heads a través de The Cure“ y pero no con un tema de su primer disco, Funeral, sino con dos. Uno os lo dejo a continuación, Wake up, en directo y con el propio David Bowie cantando con ellos, y otro en enlace, Rebellion (Lies), porque me gustan ambos tanto, que no podía decidirme. A ver si a vosotros os resulta más fácil elegir cual os gusta más. ¡A cantar a pleno pulmón y a ver si así despertamos de una vez!

Terminamos por hoy esperando que os haya gustado la entrada sobre la asombrosa vida y obra de Lee Miller ¿Conocíais a Miller en alguna de sus facetas, en alguna de sus etapas? ¿Qué os parece su obra fotográfica? Espero vuestros comentarios. Mientras tanto, comienzo a pensar en el tema de nuestro próximo post. Buena semana para tod@s.

By | 2018-05-31T08:29:48+00:00 octubre 26th, 2017|Artes plásticas y artes visuales|6 Comments

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Sara Marcos

6 Comments

  1. Anita 26 octubre, 2017 at 10:41 am - Reply

    Qu bien Tutti¡¡ que nos das a conocer a mujeres de gran belleza por fuera y por dentro¡¡ un besote para ti

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 26 octubre, 2017 at 4:59 pm - Reply

      Hola, Anita. Ha Habido y hay grandes mujeres. Ahora solo tenemos que pararnos a descubrirlas y a valorarlas en su justa medida. Gracias por leernos. Un abrazo grande.

  2. El amanuense 26 octubre, 2017 at 6:11 pm - Reply

    Buenas tardes, Tutty: grazias por este excelente reportaje-entrada. Se dio un chapuzón de vida. Exprimió la vida, y aun así se arrepiente de no haber sido más libre. Creo que es de esa generación de mujeres, que no paró de hacer lo que quería, a pesar de ser siempre la mujer de…, la musa de…eufemismos machistas que tenemos que derribar ya. Dama, reportera, elegante, inteligente, cocinera, atrevida, y superviviente de guerra. Como decía tras fotografiar sus visiones inhumanas de Dachau, os imploro que no olvidéis estas atrocidades. El mundo olvida demasiado rápido. Yo se que tú, Tutty olvidas muy poco. Un abrazo y hasta más jueves.

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 27 octubre, 2017 at 9:47 am - Reply

      Buenos días, amanuense. Desconocía a Lee Miller antes de encontrarmela de camino a otro post, pero es una mujer de las que no se olvidan. Su vida no fue siempre fácil, a pesar del éxito y el lujo que le rodeó. Una mujer que llegaba a lo personal y excelente en todo lo que hacía. Me alegra de que te haya gustado. El próximo jueves, más Tutti. Un abrazo

  3. Pi 31 octubre, 2017 at 6:11 pm - Reply

    Buenas tardes Tutti
    ¿en tu opinión podría haber musas que no fueran rebeldes o de acción?
    Felicidades por el artículo

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 5 noviembre, 2017 at 4:38 pm - Reply

      Buenas tardes, Pi. Pues sí, supongo que habrá musas que su papel haya sido el de inspiradora del hombre que tenían al lado, algo nada desdeñable. Sin embargo, a lo que me refiero en el post, es que ese papel se ha reservado o se ha etiquetado así a muchas mujeres «de acción», artistas con entidad, calidad y producción propia, que sin embargo a menudo sólo se mencionan por estar al lado de esos hombres y por estar reflejadas en sus cuadros, sus fotos o sus textos, porque por el hecho de eser mujeres, se les ha borrado de la historia y el recuerdo, de la primera línea. Eso empieza a cambiar, espero. Pero aún hay que recordar y conocer a muchas. Un abrazo y gracias por tu pregunta. Un matiz interesante.

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