Luisa Casati, la veneciana más excéntrica

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Luisa Casati, la veneciana más excéntrica

No siento una fascinación especial por la aristocracia. Sin embargo, sí la siento, como sabéis, por las personalidades únicas que se han atrevido a ser al margen de tiempos, modas y convenciones sociales. Sin importarles el estrato social en el que hayan nacido. Es verdad que, a menudo, vemos a la nobleza, y yo la primera, como un grupo social cerrado, tradicional, homogéneo, convencional y hasta aburrido. Pero, es necesario dejar a un lado las ideas preconcebidas y hacer un zoom para descubrir que hay excepciones en todas las casas, que tras los títulos se esconden ante todo individuos y que la singularidad también ha tocado a algunos de sus miembros. Son aristócratas peculiares y con personalidades a contracorriente, como ocurrió con las hermanas Mitford o con la protagonista de nuestro post de hoy, la Marquesa Luisa Casati (1881-1957).  

Muchos y variados han sido los términos y adjetivos empleados a lo largo de los años para definir a Luisa Casati: excesiva, bizarra, espectacular, la primera dandy femenina, la primera femme fatale, narcisista, megalómana, insaciable, inmortal, brillante, extravagante, vanguardista, adelantada, una auténtica it girl de la Belle Epoque, única, intensa, la mujer más escandalosa de su época… Hizo del exceso su mayor atractivo.  Hija del industrial del algodón de origen austriaco Alberto Amman y educada en un ambiente cultural desde pequeña ; esposa del marqués Camillo Casati Stampa, con el que se casó a los 19 años y una de las mujeres más ricas de Italia al quedarse huérfana de padre y madre un tiempo antes ; amante de un poeta, el italiano Gabriele D’Annunzio ; famosa habitante de la ciudad de Venecia por cuya Plaza de San Marcos parece que paseaba de noche desnuda y cubierta sólo con un abrigo de pieles y acompañada de dos panteras, que junto con las serpientes vivas con las que Luisa Casati se adornaba como si fueran joyas, inspiró a Cartier en algunas de sus piezas de joyería más famosas ; anterior propietaria del Palazzo Venier dei Leoni en el Gran Canal, en el que vivió de 1910 al 1924 antes de que lo comprara Peggy Guggenheim, hoy sede de su Museo en Venecia ; la primera mujer que vistió el mítico Delphos de Fortuny ; excéntrica mujer que se hacía servir por criados semidesnudos y sentaba a su mesa a maniquíes de cera y hasta se rumoreaban que algunos de ellos contenían las cenizas de antiguos amantes ;  amiga de artistas y personalidades de la época como los bailarines Nijinsky e Isadora Duncan, Pablo Picasso, Jean Cocteau, Serge Diaghilev, Natalie Barney, el diseñador teatral Christian Bérard, el excéntrico compositor Lord Berners, la pintora Tamara de Lempicka y el novelista y dramaturgo Ronald Firbank que disfrutaron de sus extravagantes y esplendorosas fiestas,muchas ellas de disfraces, atuendos y casas que transformaba en auténticos museos y en las dilapidó su enorme fortuna ; musa futurista ; modelo y mecenas de los artistas plásticos más dispares como  Umberto Boccioni, Giovanni Boldini, Kees van Dongen, Catherine Barjansky y Jacob Epstein, Alberto Martini, Giacomo Balla, Fortunato Depero, Ignacio Zuloaga, Léon Bakst, Beltrán Masses, Augustus John, Romaine Brooks.(Los retratos, esculturas y fotografías en las que ella figura como modelo podrían llenar una galería entera.) Todo eso fue la marquesa Luisa Casati, la Divina Marquesa, como la apodó su amante, parece ser que haciendo un guiño al Marqués de Sade, apodo que ha dado nombre a una marca de moda (Marchesa) y a una exposición que en su honor se celebró en el Palacio Fortuny en la bella ciudad de los canales. Una autentica “obra de arte viviente” como ella quiso. Pero ante todo La Casati fue una mujer que se reinventó y se atrevió a ser como ella quería.

“El cabello ardió en llamas, las pestañas se abrieron como colas de pavo real y aquella mujercita empezó a vestirse de un modo completamente personal y genuino” (Cecil Beaton en su libro El Espejo de la Moda sobre el cambio físico y de actitud de Luisa Casati tras su fracaso matrimonial)

Creo que fue Salvador Dalí, otro excéntrico inigualable donde los haya, el que dijo: “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mi“. Bien, pues parece que algo similar debió pensar y defender Luisa Casati sobre su ausencia de belleza. Dicen que tenía unos ojos saltones y una mirada muy intensa, una cara huesuda y una altura poco habitual en una mujer del momento (casi 1,80 m), por lo que quizá, La Marquesa pensó que, si iba a llamar la atención de todos modos, y no precisamente por los dones armoniosos con los que la Naturaleza le había dotado, había que hacerlo “por la puerta grande”. Así que, en vez de tapar sus rasgos poco convencionales,  decidió destacarlos:  se tiñó el pelo de un inconfundible rojo que sería inmortalizado en las pinturas, blanqueó su piel con polvos y marcó sus ojos con kohl negro, a los que añadía pestañas postizas (con las que incluso pidió que le enterraran junto a su pekinés disecado) y acostumbraba a utilizar belladona para mantener sus pupilas oscuras.  Turbantes, plumas de pavo real y otras aves, serpientes vivas alrededor del cuello, joyas de inspiración faraónica y hasta un traje con cientos de flechas eléctricas para disfrazarse de San Sebastián eran sus atuendos habituales. Pero no, Luisa Casati no necesitaba añadir más luz. Su look extravagante y su excéntrico modo de vida se convirtieron en un potente foco que le impidió pasar desapercibida en vida y por el que es recordada muchos años después de su muerte.

Fue clienta de los grandes y revolucionarios modistos del momento como Paul Poiret y Mariano Fortuny y Madrazo y lució las joyas del gran René Lalique. Su personalidad a la hora de vestir sigue siendo fuente de inspiración, como ocurre con las grandes mujeres, 50 años después de su desaparición en el mundo de la moda: el diseñador Norman Norell, fue el primero y apareció en 1960 en la revista Life posando con sus musas vestidas con una colección inspirada en Casati y de fondo, un retrato de la marquesa pintado por Kees van Dongen. Otro personaje, donde los haya, John Galliano, ha recurrido a la marquesa para su inspiración en varias ocasiones, como la colecciones de Dior  primavera-verano 1998, el frasco del primer perfume que lanzó el diseñador inspirado en el retrato de Luisa Casati pintado por Giovanni Boldini con galgos y un maravilloso vestido morado (el cuadro favorito de Galliano según su propias declaraciones) y en la de la casa John Galliano otoño-invierno 2017/2018 de la mano de Bill Gaytten. Y posteriormente buscaron en la aristócrata italiana inspiración TomFord, Alexander McQueenChanel, una de las colecciones de Dries Van de Noten los bolsos de una de las líneas de Carolina Herrera.

Muchas mujeres famosas han querido sentirse como ella aunque sólo fuera por unas horas y en una sesión de fotos: Carine Roitfield fue inmortalizada por Karl Lagerfeld al estilo de la marquesa, al igual que haría la propia Giorgina Chapman para el número de marzo 2009 de Harper’s Bazaar . La actriz Tilda Swinton también se metió hace unos años en la piel de Luisa Casati para la revista Acne Paper Sweden, fotografiada por Paolo Roversi. Ella misma fue modelo de los grandes fotógrafos del momento como Man Ray, Adolph de Meyer o Cecil Beaton   

Tras viajar por París (donde compró el Palais Rose, la antigua mansión del conde Robert de Montesquieu), Roma, Capri y Venecia, terminó sus días en Londres (donde se trasladó en la década de los años 30) ya que la acumulación de deudas le impedían regresar a Francia y tampoco podía volver a Italia, donde su conducta escandalizó al Régimen. En la ciudad británica murió en 1957 con 76 años, en la pobreza y con una deuda de más de 25 millones de dólares, pocos amigos y el mismo glamour y la excentricidad con las que vivió.

Tras viajar por París, donde compró el Palais Rose, la antigua mansión del conde Robert de Montesquieu, Roma, Capri y Venecia, terminó sus días en Londres donde fue a vivir en la década de los años 30, ya que no podía regresar a Francia donde se la perseguía por un montón de deudas, ni a Italia donde su conducta escandalizó al Régimen, donde murió en 1957 con 76 años, en la pobreza y con una deuda de más de 25 millones de dólares, pocos amigos y el mismo glamour y excentricidad con la que vivió.

Terminamos la entrada de hoy haciendo un homenaje al recientemente fallecido Charles Aznavour, que cantó a la bohemia, de la que Luisa Casati fue una gran representante. No creo que el cantante franco-armenio compusiera este tema, “Venecia sin ti”, en recuerdo a la marquesa Casati, aunque la llamativa chaqueta de aire bizantino con la que pasea por dicha ciudad en el vídeo que os dejo a continuación bien podría ser un guiño a ella.  Sin Luisa Casati, Venecia seguro que ya no es lo mismo y la canción francesa sin Charles tampoco lo va a ser.

By | 2018-10-12T12:24:16+00:00 octubre 11th, 2018|Artes plásticas y artes visuales, Historia de la Moda|6 Comments

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Sara Marcos

6 Comments

  1. Diana 11 octubre, 2018 at 11:05 pm - Reply

    Me encanta este personaje, su vida daría para más de un libro. Si no lo has leído te recomiendo “Luisa y los espejos”. Y te recomiendo también que revises el posts: tiene bastantes fallos de redacción…

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 12 octubre, 2018 at 9:56 am - Reply

      Hola, Diana. Sí, se de la existencia del libro de Marta Robles. Hay muchas cosas escritas sobre ella, sobre todo en italiano. También hay una novela gráfica de Vanna Vinci, aunque creo que no está traducida en nuestro país, “La Casati: la musa egoísta”. Gracias por tus consejos. Los seguiré. Un abrazo.

  2. El amanuense 12 octubre, 2018 at 10:39 am - Reply

    Muy buenos días, Tutty: el amagüestu empieza a traer frutos de la temporada y este post es uno de esas deliciosas viandas. Como los oricios, la calabaza, o la castaña. Una gran entrada con un colofón de una de las voces de la canción francesa del siglo XX. Un personaje incomodo, peligroso, excéntrica, ridícula para algunos, admirable para otros. Esa mirada de la Marquesa Casati mostrado con esa fuerza desde tu “tímido blog”, proporcionando sensibilidad, arte, moda, biografía, música,…Reflexiones desde tu investigación y tus sensibilidad a personas y artes, que nos asoma al vacío inmerso de lo poco que sabemos, la maravilla de aprender un poquito más cada día, hasta el final de nuestros días. Enlaces, fotografías, sonidos…borbotones de lugares, situaciones y de historias deliciosas. Un abrazo y muy buen fin de semana para tod@s. Grazias, Tutty, por tus dudas y tus imperfecciones.

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 12 octubre, 2018 at 10:48 am - Reply

      Buenos días, Amanuense. Gracias como cada semana por tu comentario. Yo os digo siempre que no se nada, que gracias a Tutti aprendo cada día, cada jueves y es verdad. Un abrazo

  3. Pin 12 octubre, 2018 at 5:45 pm - Reply

    Vaya personaje…tan opuesto a lo que es uno. Felicidades

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 17 octubre, 2018 at 5:52 pm - Reply

      Muchas gracias, Pin. Un abrazo

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