Las mujeres (fuertes) de William Orpen

//Las mujeres (fuertes) de William Orpen

Las mujeres (fuertes) de William Orpen

La semana pasada hablamos de una mujer (misteriosa) que mostraba su imagen fragmentada en sus autorretratos fotográficos, y en ésta, damos un salto al lado opuesto dentro del mismo espectro. Hablamos también de mujeres, de sus imágenes retratadas, pero en esta ocasión, en pintura y por un hombre: el irlandés William Orpen (Stillorgan, 1878 – Londres, 1931).

Por si no conocéis su obras, os dejo bajo estas líneas un vídeo con imágenes de algunos de sus cuadros, para que podáis haceros una idea general de su producción que es variada (escenas de guerra, desnudos, paisajes con figuras, interiores, etc) y sus características. El de Orpen no es uno de los nombre fundamentales de la Historia del Arte, ya que su obra, que se enclava en una corriente post impresionista, es decir, que no es revolucionaria ni descubre nuevos caminos en un tiempo en el que las vanguardias ya golpeaban con fuerza. Pero no podemos negarle a pesar de eso su alta calidad. Si en algún género ha destacado William Orpen más que en otro, es en el retrato, que pudo desarrollar ampliamente cuando fue nombrado pintor oficial en la Primera Guerra Mundial junto a John Lavery en 1917 y trabajó en el frente occidental realizando dibujos y pinturas de soldados y prisioneros de guerra alemanes así como retratos oficiales de generales y políticos. Pero sin duda, aunque sus retratos masculinos son fabulosos, lo que me ha atrapado de la obra de Willam Orpen son sus retratos femeninos: esas mujeres del momento, con sus melenas cortas, etéreas pero con mucha seguridad, que irradian una luz interior, mirando al espectador directamente a los ojos, con sus pálidas pieles y lujosas ropas resaltando sobre los oscuros fondos oscuros o desdibujados.

Esa elegancia y esa luz propia que desprenden estas mujeres (fuertes) de comienzos del siglo XX, me han hecho preguntarme quiénes eran en realidad todas ellas, además de bellas mujeres de clase alta, esposas o hijas de, qué tenían de especial todas ellas que se observa en sus rostros y sus miradas, de sus poses seguras y algo rebeldes y sus rostros pálidos, como el de Mrs. Ruby Melvill, cuyo retrato realizado por William Orpen encabeza el post de hoy y de la que apenas tenemos datos. Hoy daremos unas pinceladas biográficas para descubrir las apasionantes, en muchos casos, vidas que esconden estos retratos femeninos, de aquellas que hemos podido corroborar la concordancia de su identidad con la de la retratada por Orpen, aspecto que no siempre ha sido posible, aunque nos hubiera gustado, como en el caso del retrato de Mary Kennard que quizá corresponda a la escritora y amante del motor Mary Eliza Kennard, aunque no hemos encontrado el dato que conecte a ambas.

Retrato de la IV Marquesa de Headfort (Rosie Boote), 1915

retrato de Rosie Boote de William Orpen

Elegancia. Esa es la primera palabra que me vino a la mente al ver este retrato. Elegancia de la modelo y de la obra en sí, con sus contrastes cromáticos y las texturas del precioso vestido art decó que viste la mujer, en el que apreciamos cada detalle: los brillos, la piel que lo adorna, los pendientes…. Retrata en este caso a la IV Marquesa de Headfort. Tras este frío y protocolario nombre se esconde Miis Rosie Boote (1878-1958), una estrella del teatro musical, una de las Gaiety Girls, un coro de chicas que participaban en las comedias musicales eduardianas como The Messenger Boy, como otra de las retratadas por William Orpen, Edna May (esposa de Oscar Lewinsohn). Con su relación con Geoffrey Taylour, IV Marqués de Headfort, Rosie escandalizó a la sociedad del momento por su origen humilde y por ser católica. Su novio, aristócrata y protestante, tuvo que cambiar de confesión para casarse con Rose en 1901, oponiéndose así al deseo de su familia. Tan escandalosa resultó en el momento esta unión que hasta el mismísimo Rey Eduardo y su hijo intentaron parar este matrimonio. No lo consiguieron y hasta lo que sé, vivieron enamorados y tuvieron tres hijos. El retrato que mostramos aquí, hace pareja con el que William Orpen realizó de su marido. En mi opinión, nada que ver con el resultado conseguido con el de Rose.

Retrato de Madame Errazuriz (María Edwards), 1915

retrato de Maria Edwards realizado por William Orpen

Tras su delicada y frágil apariencia, envuelta en ese fascinante vestido de noche rojo, presenta William Orpen a la chilena María Edwars McClure, de casada Marie Errazurriza (1893- 1972),  cuando contaba con unos 22 años y ni imaginaba lo que le iba a deparar la vida:  riqueza, dolor y compromiso. Pero algo hay de la valiente y generosa mujer que luchó en la resistencia francesa en su rostro aniñado y que hechiza ya en ese retrato. Esta preciosa pintura esconde una bella historia, recientemente conocida por sus parientes y compatriotas: la de muchos niños judíos que se salvaron gracias a María durante la Segunda Guerra Mundial en París.  Os invito a que descubráis su valor a través de las palabras del escritor Jorge Edwards y con el breve resumen en este vídeo con el testimonio de sus propias bisnietas porque es ciertamente emocionante.

Retrato de Beatrice Elvery, 1909

Beatrice Elvery retratada por William Orpen

Este retrato me tiene fascinada: con ese extravagante sombrero de plumas, los terciopelos de sus ropas y la incendiada melena pelirroja en contraste con la blancura de su piel, resplandeciente. Pero sobre todo, me gusta el modo en el que mira y sonríe Beatriz Elvery (1881-1970) al espectador, de forma cómplice y segura y hasta casi algo burlona y la forma en la que tiene colocada sus manos. Posiblemente se sintiera muy cómoda posando para su profesor, William Orpen con el que estudió en la Metropolitan School of Art de Dublín, esta artista irlandesa. Orpen dijo sobre Beatrice que tenía muchas cualidades, mucho temperamento y una gran habilidad. Su único defecto era que como le resultaba tan fácil trasladar lo que pensaba al papel o al lienzo o convertirlo en vidriera y lo hacía tan rápido, que nunca lo intentaba de nuevo o buscaba mejorar su primera idea, y algo de eso se aprecia en su forma de enfrentarse al espectador segura y despreocupada, al mismo tiempo. Hija de un rico comerciante de la seda y de raíces españolas, fue invitada por la también artista del vidrio Sara Purser a trabajar en su estudio, antes de que se casara en 1912 con Charles Campbell, Lord Glenavy. El matrimonio se codeaba con famosos escritores del momento como Yeats, Shaw, D.H. Lawrence o Katherine Mansfield. Además de vidrieras y pintura figurativa en lienzo, Beatrice también realizó varias obras de ilustración infantil.

Gladys Cooper, 1924

retrato de la actriz Gladys Cooper pintado por William Orpen

De la siguiente retratada, lo que más me gusta es la postura de su cabeza, con su mentón elevado que da un aire de obstinación y superación en una postura o actitud de algo parecida al desánimo. Hay un aire soñador en sus ojos, que miran más allá. Esta joven que no desfallece y que nos muestra William Orpen en su retrato, es Gladys Cooper (1888-1971), una actriz británica varias veces nominada a los Oscar. Con fama de seria, rígida y distante en sus inicios, fue alabada por William Somerset Maugham, con quien colaboró en diferentes proyectos, por realizar un cambio en su actitud y convertirse en una actriz muy competente, trabajadora y llena de sentido común (quizá ese mentón nos diga que no va a renunciar a sus sueño y que aprenderá y cambiará todo lo que esté en su mano para hacerlo cada vez mejor). Cuando el irlandés pintó esta obra, Gladys comenzaba a ver los frutos de su trabajo y esfuerzo desde que en 1905 debutara en el teatro. Su filmografía es amplia y variada pero algunos de los títulos seguro que os suenan: podemos disfrutar de su actuación como actriz de reparto son Rebecca, My fair lady, Mesas separadas, La canción de Bernardette y La extraña pareja (con Bette Davis). Se casó en tres ocasiones y tuvo una larga vida, quizá por esas ganas de mejorar y mirar al futuro, quién sabe.

Gertrude Sanford Legendre, 1922

Reatrato de Gretrud Sanford de William Orpen

Para finalizar, aunque la lista podría haber sido más larga, presentamos el retrato de Gertrude Sanford Legendre (1902–2000), esta chica de blusa verdosa (son preciosos los tonos verdes que consigue William Orpen en su pintura, verdaderamente hipnóticos) que con su mano apoyada en la cadera y de perfil, gira su cabeza y nos mira directamente. Hija de un magnate de Nueva York y de rancio abolengo tanto por parte materna como paterna. Parece ser que ella y sus dos hermanos (Sarah y Atephen) sirvieron de inspiración para la maravillosa y divertida obra Holidays de Philip Barry en 1929 en la que se basó la película Vivir para soñar protagonizada por Katherine Herpburn y Cary Grant (deliciosa) y de la que ya hemos hablado en este blog.  En el momento en el que Willam Orpen la retrató Gertrud tenía 20 años y ya se veía que sabía lo que quería y que su vida no iba a ser convencional: fue cazadora y exploradora y sus numerosos viajes la llevaron a África, Alaska, India, Canadá, donde recogía ejemplares de la flora y fauna del lugar para los museos americanos. Se casó en 1929 con Sidney J. Legendre, al que conoció en la expedición realizada a Abisinia ( la actual Etiopía).

Esta mujer, que vivió con estilo y como quiso, dedicada a la naturaleza y a la tierra que amaba Medway, tiene en su biografía también un episodio de gran valentía y compromiso en la Segunda Guerra Mundial. Cuando la Guerra estalló a Sideny lo mandaron a la Marina y ella fue a Washington donde trabajó en el servicio de comunicaciones, más tarde llamado la Oficina de Servicios Estratégicos que sería el germen de la CIA. Un trabajo apasionante, arriesgado y que le ponía en un rol masculino y que plasma en sus dos autobiografías: ”The Sands Ceased to Run” (1947) y ”The Time of My Life” (1987). El resto de su vida la dedicó a labores filantrópicas (como la Promised Land School que creó en Medway, lugar donde vivió desde que se casó en una amplia propiedad, para los niños negros de la localidad). Murió con 97 años y con la sensación de haber disfrutado de la vida.

Hoy hemos hablado de valor, de mujeres con coraje que se salieron de los moldes por su clase social,  y por el papel que se le tenía reservado a la mujer a comienzos del siglo XX (y que por desgracia creo que no ha evolucionado demasiado) aunque fuera con pequeños gestos y eso se notaba en como miraban sus ojos, de frente, sin miedo. Por esta razón, qué mejor que terminar el post de hoy con la canción Take courage, del álbum Noble Beast, de un músico también atípico que decidió explorar un camino muy personal y nada convencional. Él es el cantante, violinista, compositor y “silbador” Andrew Bird. Que esta mágica os lleve con calma hasta la próxima semana y sepamos cada día defender con valentía y sin desviar la mirada nuestro modo personal de ver la vida y vivirla.

¿Conocíais la obra de William Orpen o a alguna de sus retratadas? ¿Os han gustado los retratos? ¿Os han sorprendidos las vidas de nuestras protagonistas? Espero vuestros comentarios y sugerencias mientras comienzo a pensar en el próximo jueves. Que descanséis.

By | 2018-05-31T08:29:56+00:00 noviembre 10th, 2016|Artes plásticas y artes visuales|6 Comments

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Sara Marcos

6 Comments

  1. El amanuense 10 noviembre, 2016 at 9:30 am - Reply

    Buenos y hermosos días, Sara: denso y repleto de conocimiento. Abundante arte, mujeres con fortaleza, pincel suelto y seguro. En estos tiempos líquidos o casi gaseosos, viene bien recordar las vidas de gente con templanza, con generosidad y con valor. Olvidados algunos de estos valores llegan lodos como los que vivimos. Grazias por compartir tanto de lo que reflexionar. Un abrazo y hasta el jueves

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 10 noviembre, 2016 at 9:51 am - Reply

      Buenos días. No debemos olvidar la valentía, el compromiso y nuestro estilo personal de hacer las cosas, ni mujeres ni hombres. Gracias por estar ahí y por tus comentarios de cada semana. Un abrazo

  2. Beatriz MCh 10 noviembre, 2016 at 11:31 am - Reply

    ¡Hola Tutti!

    ¡Vaya post te has marcado esta semana!… Me ha gustado muchísimo conocer a todas esas mujeres valerosas que disfrutaron de la vida como quisieron más allá de prejuicios y convencionalismos y a un artista que no conocía, William Orpen. El retrato de María Edwars McClure… uffff… me fascina. Se les suele calificar a estas mujeres como adelantadas a su tiempo (fíjate, Rosie solo por querer casarse con el hombre al que amaba), pero es que a veces pienso que ese tiempo no ha llegado aún… ¡cuantas mujeres de otras épocas fueron más avanzadas que nosotras mismas!. Y hoy más que nunca, frente a los Trump que pululan por ahí, deberíamos reivindicar alto y claro nuestra valía.

    Gracias Sara 😉

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 10 noviembre, 2016 at 7:15 pm - Reply

      Hola, Beatriz! Me alegra que te haya gustado descubrir estas vidas de mujeres fuertes tanto como me ha gustado a mi leer sobre ellas y escribirlo. Sí, estoy de acuerdo en que muchas mujeres de comienzos del xx fueron más valientes y avanzadas. Si nos vieran todas ellas nos darian seguro lecciones para sacar más de nosotras, comprometernos con nuestro tiempo y crecer y avanzar…siempre, avanzar. Un fuerte abrazo y gracias por leernos y compartir tus impresiones con nosotros.

  3. jose 10 noviembre, 2016 at 11:35 am - Reply

    Muy interesante, Tutti, no Conocía a William Orper..Son retratos geniales…los cuellos muy estilizados, no?

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 10 noviembre, 2016 at 7:08 pm - Reply

      Muchas gracias, Jose. Sí, cuellos estilizados…y esas pieles pálidas , qué me dices de ellas? No son maravillosas? Un abrazo y gracias por leer el blog

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