Norman Rockwell, el genio

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Norman Rockwell, el genio

Retomamos este jueves la sección de Cosas que me inspiran que, desde que abordamos el personal mundo de los collages de Carmen Martín Gaite, la teníamos algo olvidada. Pasemos a corregir ahora mismo nuestro descuido.

El artista del que os voy a hablar hoy no es que me inspire, es que si apareciera un pequeñognomodejardínasturianohacerdordemilagros y me preguntara qué pintor querría ser, yo contestaría sin dudarlo: ¡¡¡¡ Norman Rockwell !!! (para acceder a una pequeña biografía del pintor, sólo tenéis que picar en su nombre) Es como cuando te preguntan a quién te gustaría parecerte y tú dices que a Claudia Schiffer, aunque tú midas 1,50 y el 60-90-60, son sólo las cifras de tu número de teléfono.

Quizá ese pequeño gnomo de jardín se quede algo frío al escuchar mi deseo, igual que algunos de vosotros, pero estoy segura que con ver algunas de sus obras (para lo que solo tenéis que clicar AQUÍ) no sólo sabría a quién tengo en mi particular altarcito, sino que, si el gnomo tiene buen gusto, aplaudiría mi elección. Sus imágenes forman parte de la cultura popular, y mucho más en el mundo norteamericano: en láminas, anuncios, bolsas….en cualquier objeto podéis encontrar una reproducción de las obras de este genio.

The Gossip (El cotilleo), Norman Rockwell (1948)

Aunque acusado por algunos de mostrar la parte más dulce y tierna de la vida norteamericana de la primera mitad del siglo XX (y de mostrar un espíritu demasiado patriótico), conclusión a la que se llegará sólo si se mira superficialmente su obra, su  técnica era prodigiosa y su capacidad de observación siempre certera y muy aguda. Es para mí el ideal del pintor que lo tiene todo: técnica clásica, estilo propio, una aplicación práctica de su obra (ya que ilustraba las portadas de una revista de la época, pudiendo todos disfrutar de sus composiciones) y humor en sus representaciones, sin que esto restara profundidad y acierto a éstas.

Le admiro profundamente y disfruto muchísimo observando la obra de Rockwell (1894-1978). Es de aquellos que hace que las cosas que pinta parezcan fáciles de hacer: su forma de pintar, sus ideas, las composiciones, los mensajes….Todo parece natural, hasta el punto justo de humor o crítica. Esa cotidianeidad de sus escenas que todos, aunque no hayamos vivido esa época y entre esas gente, reconocemos y sentimos como propias. Escenas con pocos elementos que nos cuentan toda una historia. Instantáneas vitales. Arte con mayúsculas aunque para muchos fuera un dibujante menor, tanto por el éxito popular que alcanzó entre sus contemporáneos, cosa que parece que se termina castigando, como por el hecho de que su popularidad viniera de la mano de una revista y la publicidad. En muchas ocasiones, el arte que es comprendido y compartido por la mayoría se relega a una categoría inferior.

El crítico de Arte de Norman Rockwell (1955)

The discovered (El descubrimiento) Norman Rockwell (1956)

Girl at the mirrow de Norman Rockwell (1954)

Ya hemos hablado, a propósito de la creación de las chicas Gibson, de la importancia que tuvieron a comienzos del siglo XX las revistas como canal de difusión de la cultura y hasta de los iconos del momento. En el caso de Norman Rockwell, ocupar las portadas del Saturday Evening Post, revista fundada en 1821 que se convirtió en la publicación semanal de mayores ventas durante varias décadas con artículos de eventos actuales, editoriales, piezas humorísticas, ilustraciones, una columna de misivas, poesía elaboradas por los propios lectores, tiras cómicas e historias de escritores de la época jugó siempre en su contra. (Podéis ver todas las portadas, separadas por décadas, que Rockwell clicando AQUÍ). Si tienes éxito los críticos te restan calidad. No era un pintor de galerías ni marchantes. Era un pintor de la calle, de la gente, de la realidad más cercana y universal.

A raíz de los conflictos bélicos en los que participó Estados Unidos, Norman Rockwell realizó otro tipo de obras con mensaje más profundo, de los valores norteamericanos del momento, y elaborando otro tipo de obras, otras composiciones, más solemnes, con referencias clásicas que no siempre fueron tan acertadas y bien acogidas por alejarse de sus característicos chiquillos jugando y escenas más anecdóticas y humorísticas.

Tuvo que revindicar tanto su labor y su arte que al final de su carrera realizó un fantástico autorretrato, Triple autorretrato (1960), en el que ya no se identifica con un artesano, como se referían muchos a los ilustradores del momento, sino como un artista, y como tal se muestra, frente a su lienzo y para que no quede duda, incluye en la esquina superior derecha  de su lienzo autorretratos de genios de la pintura como Van Gogh, Durero, Rembrandt y Picasso, comparándose a ellos y reivindicando su lugar en la Historia del Arte. Yo le otorgo un lugar destacado al nivel de esas figuras encantada y admirada por su obra, extensa y de grandísima calidad.

 

Y de un genio que supo plasmar la vida de Norteamérica de la primera mitad del siglo XX con todos sus cambios, conflictos y paradojas, a un icono, un ídolo de esa sociedad, que les hizo bailar y llorar con su música y que nos va a ayudar a cerrar el post de este jueves: Elvis Presley. Que disfrutéis (también) del Rey. Y hasta la próxima semana.

 

La imagen que encabeza el post de hoy es la obra «El problema con el que todos vivimos» (1963) de Norman Rockwell, de las colecciones del Museo Norman Rockwell.

By | 2018-05-31T08:30:17+00:00 junio 4th, 2015|Artes plásticas y artes visuales|4 Comments

About the Author:

Sara Marcos

4 Comments

  1. el amanuense 4 junio, 2015 at 8:25 am - Reply

    Buenos días, Tutti: impresiona como aprendemos contigo cada jueves. Las imágenes de Rockwell, son pura crónica social. Con ese trabajo excelente, cuidado, y con mucho oficio. La América del Norte retratada en cientos de dibujos, mostrándonos sus distintas caras, sus múltiples matices entre Estados, sus etnias ninguneadas, sus clases sociales,…Medio siglo retratando la vida del los Norteamericanos, de Costa a Costa. Gracias por traérnoslo al blog y ponerle esa banda sonora. Las caderas del Rey Elvis. Vaya autorretrato, y vaya retratos de la infancia. Grazias y un abrazo, maestra.

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 4 junio, 2015 at 8:42 am - Reply

      Buenos días, Amanuense, y muchas gracias por tus palabras y por querer compartir con nosotros cada semana tus opiniones. Siempre os lo digo: aprendéis vosotros y aprendo yo.
      Como bien dices, la obra de Rockwell muestra, si se quiere verlo y se huye de quedarse en el estereotipo de las caras sonrosadas de los niños, una Norteamerica llena de cambios, desigualdades, diferencias y momentos difíciles. Pero al mismo tiempo de momentos comunes en la vida de todos, como la infancia o el primer amor. Él siempre nos ayuda a quedarnos con algo bueno, con algo cotidiano que ayuda a seguir, con las pequeñas muestras de belleza que nos regala la vida.
      Me alegro que te haya gustado y te esperamos el próximo jueves.

  2. puli 5 junio, 2015 at 8:03 am - Reply

    La primera imagen ya me ha cautivado¡¡ cómo me gusta¡¡¡ llevo un buen rato viendo su obra, los dibujos de los niños es que me fascinan, que expresivos¡¡, que ojos¡¡, sus juegos¡¡ su día a día¡¡ ¡ayyyyyyy me encantan me encantan…muchas gracias Tutti¡¡¡

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 6 junio, 2015 at 6:35 pm - Reply

      Hola, Puli.Me alegra muchísimo que te haya gustado. Las obras de Rockwell, son sencillas, instantáneas,con los elementos justos pero muestra a la perfección las escenas,las historias,los sentimientos. La imagen de la cabecera ni siquiera nos muestra a todos los protagonistas en su totalidad, pero no es necesario,podemos completar la imagen y ver en nuestra mente la secuencia completa de los acontecimientos. Todo un maestro.
      Gracias por compartir tu opinión con nosotros, Puli. Un abrazo fuerte.

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