Propósitos de Año Nuevo: en la quietud está el (verdadero) cambio

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Propósitos de Año Nuevo: en la quietud está el (verdadero) cambio

Otro más. Un nuevo año que se inicia (otra vez) y que puedo compartir con vosotros. Me gusta poder estrenar otro año, por lo que supone en su aspecto más obvio, y porque es mi momento del año preferido, como ya os he contado en alguna ocasión anterior. Cerrar el ciclo anual, evaluar y comenzar limpiando, eliminando lo superfluo, visualizar y reflexionar a cerca del futuro se ha convertido en un reconfortante rito para mi. 2016, 2017, 2018….Desde hace unos años me gusta compartir estas reflexiones desde este espacio con vosotros en el primer post del año. Así que hoy, 10 de enero de 2019, es el turno de los propósitos de Año Nuevo para éste que nos ocupa.

Con limpieza y más ligeros

¿Cómo he comenzado este 2019? Pues la primera sensación que me viene como respuesta a esa pregunta es no he comenzado un año nuevo. Siento que no ha habido ruptura, que la energía de un año a otro se mantiene más o menos estable: sin crisis ni euforias por el nuevo ciclo. Suelo ser muy consciente de ese cambio de ciclo y a menudo en mí se hace con un pequeño bache emocional o incluso con una pequeña dolencia física (de hecho, enero era mi mes favorito para cortarme radicalmente el pelo y comenzar el año con una buena escabechina. Pero, tranquilos, este año no hay peligro…de momento) El 2019 ha entrado sin hacer ruido, con fluidez, como si viniera ya engrasado de fábrica. Para bien y para mal, siento que hay cosas que se pusieron en marcha en los últimos meses del 2018 y que aún se encuentran inconclusas. Habrá que esperar.

Sin embargo, y a pesar de esa ausencia de señales de cataclismos como la Tierra resquebrajándose a mis pies o visiones de un Ave Fénix resurgiendo de sus cenizas, he decidido comenzar el año con un rito necesario a nivel interno y externo: la limpieza y restructuración de mi taller, que es casi como decir que he acometido mi propia»ordenación» porque “Tutti soy yo”. Un gran ejercicio para recordar cómo ha sido tu año. Para ir descubriendo a través de los recuerdos, bocetos y demás objetos qué cosas, qué trabajos han estado presentes en estos 12 meses. Un trabajo casi de geólogo, quitando capas, descubriendo estratos de tu vida. Qué necesito y qué no, qué descarto y con qué me quedo. Qué me apetece ver cada día y qué no. Cómo necesito y quiero que sea mi espacio. Ha sido realmente la gran limpieza desde que Tutti llegó a la “tierra verde” y consiguió su propio espacio que decoró y organizó con tanta ilusión (pero también con limitaciones). Parece que fue ayer, pero ya han pasado casi 6 años. Así que una organización a fondo era necesaria, entre otras cosas porque Tutti pazzi per labore ha cambiado durante estos años y lo que es más importante, porque yo tampoco soy ya la misma. Mucha menos ilusión pero mucho más aprendizaje. Pero eso es bueno, es necesario. La vida es cambio y eso es lo que buscaba. Y la vida me lo dio. Para pasar del 2018 al 2019 he cruzado un puente. En otras ocasiones sentí que escalaba una pared, que bajaba a un pozo o que tenía un avispero en mi cabeza.

También he hecho hoy el interesante y enriquecedor ejercicio de leer las tres entradas anteriores que dedicamos a los propósitos de año nuevo y he ido descubriendo cómo este tiempo y este lugar me han ido transformando…pero en el mismo camino. Decía allá por enero del 2016 cuando recibí al nuevo año en cama con la compañía de una tremenda sinusitis “(…) en estos ratos de cama y sosiego, sí he podido pensar en mis propósitos de Año Nuevo que son: fluir más (y con fluir no me refiero a lo que está experimentando mi nariz estos días) y disfrutar de la vida, de mi vida, de la que ahora tengo y qué no se cuánto tiempo más seguirá siendo así.

Así que me siento, con estas líneas y en estos momentos, estar renovando las intenciones plasmadas en la primera entrada de este blog y los deseos con los que comencé esta nueva etapa, porque en ocasiones perdemos por el camino los objetivos primigenios y principales, que nos llevaron a dejar un ritmo seguro y una senda (demasiado) recta.»

En el 2017 di un paso más y ya sentía que los cimientos se estaban transformando: “Hemos vuelto. Hemos vuelto a empezar el ciclo, el año, actualizando nuestros deseos y propositos de Año Nuevo, renovando el proyecto nuestra propia reforma. Por lo menos la mía, porque siento desde hace bastante tiempo que “estoy en obras”, en plena construcción, pero aún no se si me voy a transformar en un loft, en una rústica casa de campo o en un reducido apartamento. Porque estos años en las montañas creo me están sirviendo para cambiar mi decoración interior, para limpiar rincones, crear habitaciones propias, y, concretamente en este 2016, para aprovechar a tirar algunos tabiques personales y dejar los espacios diáfanos, sin límites (aunque asuste) para que la luz se expanda mejor. Avanzamos, porque vamos acostumbrándonos a las pérdidas, a los objetivos y metas no cumplidas, a transitar por caminos que no hemos trazado nosotros sino la vida, que es el mejor y más poderoso jefe de obras, y porque hemos aprendido a escucharnos y a preguntarnos. Esa ha sido mi lección de estos tres años, casi cuatro, en tierras verdes, y no ha sido fácil, pero supongo que era necesaria, porque la vida nos va dando lo que necesitamos aprender. Yo he aprendido a soltar, a renunciar y a seguir a pesar de lo esencial y sencillo del futuro personal que se avecina: sin grandes logros, sin grandes éxitos y con mucho aprendizaje personal. Eso en cuanto al futuro personal. Quizá eso esté bien para compensar el futuro general, el del mundo y el tiempo que nos ha tocado vivir, que se avecina oscuro, muy oscuro, con grandes nubarrones en el horizonte. Esperemos que poco a poco escampe, aunque me parece muy difícil.”

En el 2018 comenzamos a mirar al futuro sin tanto deseo y más frente a frente: “Parece que comienza a ser costumbre en el blog de Tutti pazzi per labore, que la primera entrada del nuevo año la dediquemos a coger impulso para los 365 días que se nos vienen encima, a mirar atrás y evaluar cómo terminó el año y cómo estamos empezando el presente. Por tanto, como es el primer post del 2018, hoy toca resetear, coger aire y mirar al frente de nuevo, porque, como últimamente me es imposible hacer ese examen de conciencia en las últimas horas del día 31 de diciembre, reservo esa tarea a este espacio y a la hora de ponerme a escribir la primera entrada del año.

A ver…¿Y cómo hemos empezado entonces este año? Pues, obviamente, a día 18 de enero, podemos decir sin equivocarnos, que este 2018 hemos empezado lentos. Pero no pasa nada. Estamos encontrando nuestro ritmo, acompasando el paso (el de Sara y el de Tutti) y hasta hoy ambos iban totalmente desincronizados. Pero ya lo hemos conseguido. Hay que permitir de vez en cuando esas asincronías: porque son necesarias y porque son inevitables. Pero no pasa nada. Todo sigue igual. Todo sigue bien. Y además a nuestra vuelta, el mundo sigue girando (no es que lo dudáramos, eh?). Aunque, la verdad, no lo parece, porque frente a nosotros siempre, siempre están ellas, inmóviles, perfectas: nuestras montañas.”

Siento hoy, que ya no mando directrices ansiosas al Universo ni tengo una lista de mil objetivos vitales que quiero cumplir. Siento que hoy, 10 de enero de 2019, no quiero buscar ni pedir. Solo estoy aquí, para lo que quiera venir. Espero que dure mucho esta sensación, aunque si os digo la verdad y para no engañarme ni engañaros no me resulta totalmente placentera. Tengo miedo a las alturas, a volar sobre el abismo, a caminar sobre el cable sin red. Y esto es metafórico y literal. Que mi mente y mi 2019 esté en blanco me produce cierta cosquilleo (nada de mariposas de felicidad) en mi interior, pero siento que ha llegado el momento de asumirlo y de controlarlas. Está ahí y ya está. Vendrán hechos, personas, retos, encargos e infinidad de cosas y circunstancias a las que no soy capaz aún de poner nombre (ni falta que hace) y que no puedo ni imaginar, para bien y para mal. O peor aún para mi mente retadora: no vendrá nada. Está bien. Ese será mi 2019. El que decida la vida. En realidad como siempre. Ella es la que decide, pero lo acabo por fin de entender.

Parece que, aunque lentamente, algo va cambiando dentro de mi. La sensación de necesitar fluir comenzó siendo una imposición y creo que va tornándose en necesidad y realidad. Es curioso leer ahora esas palabras, como quien abre un viejo diario de la adolescencia. Esa Sara estaba ahí pero no es la Sara que está escribiendo esto ahora mismo. Pero veo coherencia cada escalón anual.

Siento hoy, que ya no mando directrices ansiosas al Universo ni tengo una lista de mil objetivos vitales que quiero cumplir. Siento que hoy, 10 de enero de 2019, no quiero buscar ni pedir. Solo estoy aquí, para lo que quiera venir. Espero que dure mucho esta sensación, aunque si os digo la verdad y para no engañarme ni engañaros no me resulta totalmente placentera. Tengo miedo a las alturas, a volar sobre el abismo, a caminar sobre el cable sin red. Y esto es metafórico y literal. Que mi mente y mi 2019 esté en blanco me produce cierta cosquilleo (nada de mariposas de felicidad) en mi interior, pero siento que ha llegado el momento de asumirlo y de controlarlas. Está ahí y ya está. Vendrán hechos, personas, retos, encargos e infinidad de cosas y circunstancias a las que no soy capaz aún de poner nombre (ni falta que hace) y que no puedo ni imaginar, para bien y para mal. O peor aún para mi mente retadora: no vendrá nada. Está bien. Ese será mi 2019. El que decida la vida. En realidad como siempre. Ella es la que decide, pero lo acabo por fin de entender.

Parece que, aunque lentamente, algo va cambiando dentro de mi. La sensación de necesitar fluir comenzó siendo una imposición y creo que va tornándose en necesidad y realidad. Es curioso leer ahora esas palabras, como quien abre un viejo diario de la adolescencia. Esa Sara estaba ahí pero no es la Sara que está escribiendo esto ahora mismo. Pero veo coherencia cada escalón anual.

Terminamos la primera entrada de este 2019 con un cabo que, como otros muchos, agarramos en el final del pasado año,  y del que hemos comenzado a tirar en estos días iniciales. A ver hasta dónde nos lleva. Se trata de la canción “What he wrote” de la inglesa Laura Marling que se incluye en la banda sonora de la película “En Cuerpo y alma” , un film húngaro que vimos el año pasado. De Hungría recibimos dos grandes sorpresas en forma de película: la anteriormente citada, y “1945”. Seguiremos también pendientes del cine de ese país. Así os dejo, con la voz suave pero profunda de Laura acompañada de su guitarra, en la corriente calma de lo que fluye de un año a otro. Curiosamente, todas las “primeras canciones del año de Tutti” son reposadas, sencillas pero son intensas, son especiales. Como el inicio de cada año. Pura casualidad. Los cambios de año o de ciclo no tienen por qué ser abruptos ni dolorosos, aunque sean siempre importantes y significativos.

Os deseo un 2019 lleno de conocimiento y belleza, en el que descubráis, crezcáis y compartáis. Un año en el que, como nos ha escrito una maravillosa niña a la que queremos en su felicitación navideña, “lo bueno os siga, os encuentre y se quede con vosotros”. No podría yo expresarlo mejor. Ojalá sea así. Para todos. Hasta la próxima semana.

By | 2019-01-09T19:34:15+00:00 enero 10th, 2019|Actualidad|12 Comments

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Sara Marcos

12 Comments

  1. Paz 10 enero, 2019 at 7:58 am - Reply

    Gracias, Sara/Tutti por tan generosas reflexiones. Con mi deseo de que se te cumplan además de las mejores … Feliz año 2019 …

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 10 enero, 2019 at 8:29 am - Reply

      Gracias, Paz, por tus deseos y por leernos cada semana. Que tengas un 2019 lleno de cosas buenas, de avances y aprendizajes. Un abrazo

  2. Cris 10 enero, 2019 at 3:54 pm - Reply

    Que delicia leerte Sara¡¡ Un besote tutti

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 11 enero, 2019 at 8:45 am - Reply

      Muchísimas gracias, Cris. Un placer tenerte por aquí también en 2019. Un abrazo grande

  3. El amanuense 10 enero, 2019 at 5:13 pm - Reply

    Muy muy muy buen 19 para ti, Tutty, y para tod@s: es un placer, después del hermoso calendario de Adviento, mirar hacia atrás contigo y contemplar como hay cambios, y transformaciones. Una manera de ver como te limpias por dentro al ordenar tu espacio de creación. Ordenado tu territorio te ordenas en tu interior. Comenzar cada nueva etapa, como tú haces, ordenando y escribiendo tu lista anual con esas intenciones o falta de ellas, esperando a que la vida te las acerque. Sabiendo de ellas con la intuición y la paz de que si todo fluye el día será un no ir contra corriente. Hermosas fotografías y poético vídeo con esta canción tan adecuada. Como no podía faltar, hermosas referencias al cine cada semana.
    Grazias por compartir y perdona por algunos jueves venir tan tarde. Un abrazo, y que sigamos leyendonos y compartiendo jueves.

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 11 enero, 2019 at 8:56 am - Reply

      Buenos días, Amanuense, y feliz 2019 también para ti. Nunca es tarde si la dicha es buena, y leer tus comentarios, siempre es una dicha de las buenas. Pues en esos estamos; en el fluir…pero a ver cuánto nos dura. Bueno, aunque nos salgamos del camino lo importante es volver a él y si es con facilidad y sin resistencia, mejor. Por un 2019 con más post de Tutti que espero os gusten. De momento, el de la próxima semana lo dedicamos a un encargo especial del último mes del 2018. Un abrazo fuerte y seguimos leyéndonos.

  4. Gloria 10 enero, 2019 at 7:31 pm - Reply

    Hola Sara.
    Mucho tiempo sin pasar por aquí, inmersa en la vorágine que significa para mí el último trimestre de cada año, aunque no he dejado de leerte, a veces a trompicones, pero siempre con gusto.
    Bonitas reflexiones las de hoy, gracias por compartir tu evolución.
    Yo nunca hago «propósitos de año nuevo», no me sale, sin embargo sí tengo una sensación constante de ese «estar en obras» del que hablabas en 2017. Me he sentido totalmente identificada con esa expresión que a mí no se me hubiera ocurrido 🙂
    Un beso Sara, disfruta de lo que vaya viniendo tras cruzar el puente.

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 11 enero, 2019 at 8:50 am - Reply

      Buenos días, Gloria! Que sorpresa leerte. Es un regalo que me haces esa constante fidelidad aún en la peor fecha del año para una artesana como tú. La verdad es que nuestro trabajo creativo y su inestabilidad, en muchos aspectos, «ayuda» creo a también «sentirse en obras» además de los momentos personales que cada una esté viviendo. Creo que esa sensación no es del todo mala, porque la vida es cambio, evolución (o por lo menos así la entiendo yo ahora) aunque no nos han educado o preparado para ello en realidad. Que tengas un gran 2019, tan bello y creativo como siempre. ¿Será el 2019 el año en el que nos pongamos cara? 😉 Un fuerte abrazo

  5. Mavi 11 enero, 2019 at 4:09 pm - Reply

    Sara, un beso muy grande. Espero estar contigo todo 2019, Mavi

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 11 enero, 2019 at 6:03 pm - Reply

      Hoal, Mavi. Yo también lo espero (y lo deseo). Un abrazo grande y gracias. 🙂

  6. josemari 4 febrero, 2019 at 6:53 pm - Reply

    Madre mia Tutti, llego tarde al post pero hay unos debates ahí eh? en plan señor Scrooge protestaré con lo de dejarse fluir pero también muy bien lo de quedarse ahí esperando…como una marquesa, diga usted que si. Bueno, feliz año 🙂

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 6 febrero, 2019 at 10:26 am - Reply

      Jajaaa….hay posturas y argumentos para todo. De momento, lo de esperar (como una marquesa) según ha comenzado el año puedo decir que no es mala actitud. Muchas gracias por estar ahí y feliz 2019 para ti también (llegas al Año Nuevo Chino 😉 )

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