Viajeros y viajes

Viajeros y viajes

El verano está terminando y son más ya los recuerdos que nos quedan de él y las fotos que con nostalgia revisamos de nuestros viajes de estos meses, que los planes estivales que nos quedan por cumplir. A muchos nos gusta dedicar parte de nuestras vacaciones a viajar, ahora que gracias a los veloces aviones, llegar a la otra punta del mundo no nos lleva más que unas horas o algún día. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, viajar era otra cosa: una epopeya, un auténtico lujo reservado para muy pocos, el reflejo de una nueva mentalidad, y por supuesto un acto de glamour y buen gusto, dos características de las que no que no abundan en la mayoría de los viajes que hacemos los simples mortales en esta época de viajes low cost y equipajes de mano. Una auténtica pena. Por eso, y a través de bolsa de asas o totebag pintada a mano de Tutti pazzi per labore, Viajera  os invitamos a hacer un viaje de los de antes, con los viajeros de comienzos de siglo, con sus maletas y baúles en los que transportaban parte de sus vidas durante los meses que estaban lejos de casa.

Como hemos explicado en ocasiones anteriores, los viajes se convierten en la década de los años 20 en una nueva ocupación de las clases más altas. (Podéis recordar algunos de nuestros post anteriores relativos a la década de los años 20 y de su mentalidad vitalista  pinchando AQUÍ y AQUÍ)  El espíritu escapista y hedonista imperante en el momento de entreguerras y los avances técnicos de la llamada Segunda Revolución Industrial, permiten generalizar el acto de viajar, bien para veranear en las zonas de moda y disfrutar de la vida al aire libre o bien para llegar a lugares exóticos que hasta entonces eran visitados por muchos a través de los grabados de los libros y la imaginación.

El coche, aporta a esa época lujo y velocidad, pero son sin duda el tren  y el barco con los que permiten al viajero llegar a lugares más alejados en un aroma de glamour y lentitud (pinchad en ambos transportes para conocer publicaciones que ahondan en el momento de apogeo de ambos). El viaje es en esos momentos una experiencia en sí mismo, no el intervalo de tiempo que transcurre de estar en el lugar de salida y llegar al destino. Así, viajar por ejemplo, en el Orient Express que unía París con la antigua Constantinopla, o en Le Train Bleu , que conectaba Calis con Niza, era un momento para socializar, ver y dejarse ver entre los lujosos vagones, disfrutar del confort, de la cocina de lujo y el tiempo libre (si pincháis en sus nombres podéis acceder a más información de ambas líneas y si pincháis AQUÍ accederéis a la web del actual Orient Express, para que soñéis y alucinéis de verdad. Eso es viajar con lujo)

Podríamos decir que existían dos corrientes dentro de estos nuevos viajeros: los que continuaban de algún modo el espíritu de Le Gran Tour del siglo XVII cuyo concepto del viaje era un modo de acercarse a los lugares y a las fuentes del conocimiento y los que, continuando la tendencia de los viajes termales, viajaban a la costa buscando playa y categoría social.

Entre los primeros, encontramos por ejemplo a la escritora Agatha Christie que nos narra su Gran Tour de diez meses por  Inglaterra, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Honolulú, Canadá a través de las cartas que le envía a su hija durante esas estancias, ahora publicadas en un interesante libro (pinchad en la palabra resaltada si queréis saber más)

Las ciudades balnearios se convierten ahora en lugares de recreo y confort donde los nuevos ricos, muchos de ellos norteamericanos enriquecidos tras la Gran Guerra buscan sol, playas donde nadar y disfrutar del ocio y las grandes cadenas de hoteles que ahora surgen con agua corriente y una decoración cuidadísima.

 

Baúl de viaje para transportar libros realizado por Louis Vuitton.

Los viajeros de comienzo de siglo se ausentaban largas temporadas de sus casas por lo que sus equipajes eran diseñados para viajar con sus pertenencias de forma cómoda y segura. Muchos de ellos estaban destinados a usos específicos, como los baúles para guardar libros, los baúles escritorio o los muebles-bar transportables. Objetos elegantes y perdurables, de la misma categoría que las piezas de ropa de los mejores modistos que guardaban en su interior.

Todas esas actividades a las que el veraneante o el viajero se iba a entregar todos esos días requerían un vestuario adecuado y un buen número de complementos: trajes de baño, tenis o golf, ropa de fiesta, ropa de calle, sombreros, zapatos… lo que les obligaba a acompañarse de un buen número de maletas y baúles adecuados para que todas sus pertenencias viajaran seguras. El equipaje se convierte entonces también en un elemento de prestigio y de capacidad económica, no sólo por su calidad, exclusividad, diseño y personalización, por medio de sus anagramas, por ejemplo, sino porque se decoraban con las etiquetas de los más pretigiosos hoteles, que durante los años iban engalanándolo como si se tratara de una chaqueta militar con sus medallas.

Al igual que apreciamos con el equipaje de la sofisticada mujer de la bolsa que os presentamos hoy que ya está contemplando Estambul, existían distintas tipologías: sombrereras, arcones, que eran la versión más simple para transportar la ropa, y modelos más sofisticadas como los baúles-roperos verticales creados por el gran Louis Vuitton en 1875, que eran casi armarios portátiles, con cajones y otros apartados o los que hacían las veces de secreters o transportaban los libros. (Para ver el origen, las características y evolución de los diseños de Vuitton os dejo AQUÍ el enlace a un gran post de Triángulo Magazine que no tiene desperdicio. Una maravilla)

baul-viaje-ropero-vertical-louis-vuitton

 

Baúl ropero vertical de viaje realizado por Louis Vuitton.

Y para finalizar, como siempre, una canción. Hoy os dejo con la animada Tu vuò fà lámericano del cantante italiano Renato Carosone (si queréis saber más sobre esta canción, sólo tenéis que pinchar en su título). Yo he escogido, de las múltiples versiones que podéis encontrar, la interpretación que de ella hacen en la película El talento de Mr Ripleyadaptación que hizo Anthony Mingela en 1999 de la novela homónima de Patricia Highsmith (1955). La he escogido porque en la historia aparecen diferentes viajeros americanos que se dejan asombrar por la belleza de las tierras italianas que descubren en camarotes de lujo y a los que acompañan numerosos baúles, que son los encargados de trasportar lo esencial de sus vidas tras esas ociosas estancias lejos de casa. Absolutamente recomendable la adaptación cinematográfica del inquietante personaje de la maestra del suspense.

¿No os encantaría volver en el tiempo y poder realizar uno de esos viajes en tren o en barco a lugares exóticos rodeados de lujos con media vida en vuestras maletas? ¿Sentirse una gran estrella de Hollywood que visita Europa o una aristócrata que va recalando mes a mes en sus posesiones? Tienen una belleza especial esos baúles llenos de recovecos, de secretos e historias. Una mezcla perfecta de funcionalidad y lujo extremo. Espero que os haya gustado y nos vemos en el jueves en el próximo puerto, viajeros.

Hemos utilizado como fuente para elaborar este post el artículo «Baúles. Viajar en el periodo de entreguerras» realizado por El Museo de Traje.

By | 2018-05-31T08:30:12+00:00 agosto 27th, 2015|Historia de la Moda, Nuestros productos|4 Comments

About the Author:

Sara Marcos

4 Comments

  1. Una admiradora 27 agosto, 2015 at 8:06 am - Reply

    Buenos días, viajeros … Hecho de menos al comentarista «El amanuense», ya vendrá, seguro.
    Fantástico viaje el que nos habéis hecho hoy. Escuchando a Carasone y su canción, «…americano oh americano…», estoy ahora mismo experimentando el estar, vivir aquellos años, las ganas de olvidar las guerras, y se me eriza el pelo…
    Ojalá no sea necesario que haya más (guerras) para experimentar ese deseo de vivir bien o bien vivir.
    Muchas gracias, Tutti.

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 27 agosto, 2015 at 8:06 pm - Reply

      Gracias a ti. Es estupendo que quieras compartir con nosotros tus impresiones. Bien es cierto lo que dices y esa época fue un momento de cambios bruscos que hacia enfrentarsea la vida de forma diferente: la Primera Guerra y su shock, los felices años 20 para coger aire y escapar y de nuevo el batacazo, el de bolsa y su gran caída, y levantarse de nuevo con ilusión para el horror del nazismo y la Segunda Guerra …..Sería grandioso no tener que ir de un extremo a otro para aprender a vivir y a disfrutar de todo. De momento disfrutemos de la moda y de la historia y de verla en común. Gracias por seguirnos. Un beso

  2. el amanuense 27 agosto, 2015 at 8:32 am - Reply

    Buenos días, tuttipazziperlabore: completo, apetecible, y muy acertado como eficaz antídoto para esta moda de turisteo vacío y consumista, masificado y de mal gusto. Grazias por compartir tus lecturas e investigaciones, tus viajes y proyectos. Un abrazo muy grande y nos leemos el jueves…el día de Chesterton.

    • Sara Marcos
      Sara Marcos 27 agosto, 2015 at 8:09 pm - Reply

      Hola, Amanuense. Gracias a ti por recibirlo de ese modo tan cariñoso y entusiasta. Espero poder seguir encontrando para poder compartirlo con todos vosotros porque me hace aprender y crecer. Un abrazo y hasta el próximo jueves.

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